Tendencias del futuro: ¿Es posible vivir sin WhatsApp ni redes sociales?

La recomendación de desconectar de las redes sociales existe casi desde que nacieron los smartphones. Estamos en pleno desarrollo de una sociedad adicta a la tecnología, con miedo a quedarse off. Pero un uso excesivo de estas nuevas tecnologías (smartphones, tablets, smart TVs y ordenadores) puede tener efectos perjudiciales en la salud de las personas.

Y no solo de salud. «¿Es el momento de renunciar a las redes sociales?», se pregunta mucha gente después de las revelaciones relacionadas con el cuestionable uso por parte de Cambridge Analytica de los datos personales de más de 50 millones de usuarios de Facebook para apoyar la campaña de Trump. Pero ¿sería posible vivir sin WhatsApp ni redes sociales? ¿Qué alternativas nos quedan si se diera el caso en el mundo de la publicidad?

Redes sociales: ¿es el momento de renunciar?

redes sociales

Muchos ríos de tinta han corrido en relación a Internet desde que en 1996 empezara a irrumpir con relevancia en España. Ya lo vislumbraba Lou Gerstner, presidente de IBM, en el mismo año: «El cambio tecnológico que trae Internet, es tan profundo y tan universal, que su impacto lo cambiará todo». Ha sido y está siendo una revolución en todos los órdenes: económico, social, político y cultural.

Del otro lado están las tecnologías. Las personas van más rápido en la adopción de las tecnologías y en el desarrollo de sus habilidades que, en general, los agentes de la comunicación en estudiarlas, entenderlas y priorizar los medios, formatos y entornos para que las acciones comerciales sean más eficaces. Si algo hay de verdad líquido es esa curiosidad del ser humano, particularmente la de los ibéricos que, aunque no nos lo creamos, somos líderes en adopción de nuevas tecnologías.

Sin embargo, venimos a hablar de un fenómeno que se está dando aunque todavía no se haya generalizado. Es el relativo a aquel que se da una vez que ya estamos familiarizados con las tecnologías. En este sentido, cada vez hay más personas que deciden por voluntad propia cortar su conexión con plataformas digitales como Facebook o WhatsApp.

Si bien Bill Gates, presidente y CEO de Microsoft, nos aseguraba allá por el año 2000 que «Internet ha propiciado un cambio fundamental y muy rápido en la sociedad y todo el mundo tendrá que acostumbrarse», ahora la idea que está sobre la mesa es la de «desacostumbrarnos» a vivir sin WhatsApp ni redes sociales. ¿Es posible?

Desconectados de las redes sociales, ¿es posible?

En la era de la adicción a internet, las redes sociales y la ansiedad digital, cada vez son más las personas que optan por algo radical: «desconectarse» de todo. «Desconectar para reconectar». Ése es el lema de Digital Detox, una de las organizaciones que inició el movimiento en 2012 en San Francisco (EEUU), justo un año antes de que el Diccionario de Oxford incluyera por primera vez el término digital detox.

Debemos hablar de Levi Felix como el fundador de este movimiento. En su caso trabajaba sin descanso 70 horas a la semana en una startup, hasta que fue hospitalizado en 2008 por agotamiento. Poco después, cambió su portátil por una mochila y se fue con su novia a viajar por el mundo. Dos años y medio ─y 15 países─ después reconoce que la experiencia le abrió los ojos y le inspiró a crear su empresa para organizar retiros de yoga y meditación que ayuden a la gente a desconectar de la tecnología. Desde entonces, el número de iniciativas con ese mismo propósito no ha dejado de crecer.

Las primeras consecuencias de esta desconexión son evidentes. Según la psicóloga Verónica Alarcón, «estamos viviendo en una era de tecnoadicciones, con la imperiosa necesidad de estar siempre conectados y desde cualquier lugar». Sin embargo, un estudio de The Happiness Research Institute concluye que en solo una semana, las personas que dejan de utilizar Facebook se sienten más felices y menos preocupadas.

Por tanto, concluye Alarcón, «la gente necesita tiempo para adaptarse. Inicialmente podemos sentirnos horrorizados de tener lejos el teléfono. E incluso efectos como la ‘vibración fantasma’ en el bolsillo existen». Sin embargo, son cada vez más los pacientes que deciden desconectar, a veces sin previo aviso. Hay quien lo describe como una bocanada de aire fresco, pues se sienten más comprometidos con el mundo que les rodea.

Sin embargo, esta desconexión inicial es complicada al principio, pero volver a «conectar» es bastante sencillo. Así lo asegura Marc Masip, psicólogo y director del Instituto Psicológico Desconecta, en Barcelona: «Es muy difícil desengancharse [del teléfono y las redes sociales] pero muy fácil volverse a enganchar».

Masip asevera que la «intoxicación digital» se trata como cualquier otra adicción, aunque en este caso no hay sustancias vinculadas a ella, sino conductas. Subraya que cada caso es diferente, pero se necesitan al menos seis meses de tratamiento cognitivo-conductual de cambio de hábitos para que sea efectivo. «En realidad, no se trata de cuánto tiempo de terapia se necesite. No se trata de dejarlo sin más, sino de averiguar por qué existía esa adicción y qué conflictos ocasionaba», asegura.

¿Resistencia digital? Es la nueva batalla

Los datos de conexión a internet no dejan margen de duda y su uso entre los españoles continúa al alza. Estamos literalmente ‘enganchados’ a internet, y lo hemos incorporado a nuestro día como un elemento más que es imprescindible para seguir adelante. Nos da miedo a quedarnos off, y el síndrome FOMO da buena cuenta de ello. Por tanto, ¿la nueva batalla a la que se enfrentará el marketing es a la resistencia digital?

En un momento en el que llevan años convenciéndonos de que la transformación digital de las marcas debe ser un hecho, recibimos esta nueva tendencia dedicada precisamente a desconectar entre tanta saturación digital. Sin embargo, los números son claros: hay una tendencia creciente del uso de internet en general y de los dispositivos móviles en particular.

Es evidente que las tendencia digital sigue en ascenso en un momento en el que hay que poner el pie en el freno para no olvidar del entorno offline ─así como todas las posibilidades que la publicidad off nos puede propiciar. Por tanto, la pregunta que habría que hacerse sería la siguiente: ¿cómo imaginamos la relación ideal con un cliente? ¿Dónde está y cómo podemos contactar con él? ¿Hay que recuperar las viejas fórmulas offline y darles el papel que siempre tuvieron?

Inma Mairena, Digital & Tech Director y ROI Manager en Zenith, considera que «estamos en la era de la omnicanalidad, donde las marcadas líneas entre lo digital y lo analógico se desdibujan. En ese entorno cambiante, la tecnología va a desempeñar un papel clave, bien porque el consumidor actual ya se ha acostumbrado a vivir con y en ella o bien porque los nuevos consumidores son nativos de la misma. Este ecosistema de transformación continua exige un entendimiento en profundidad de los puntos de contacto y la experiencia que el usuario espera y demanda en cada uno de ellos. La no fricción, la consistencia y el tiempo real cobran una importancia vital donde las RRSS se presentan como un aliado perfecto para conectar y conversar con el consumidor».

Del mismo modo, como apunta Juan Luis Polo, experto en tecnología, la clave está en utilizar las herramientas a nuestro alcance para conseguir nuestros objetivos como marca, teniendo muy presente que se busca transmitir «confianza, vinculación, iniciativa para dar soluciones y participación en la toma de decisiones». Ese es el proceso en el que hay que pensar, dando la importancia que tiene también a los entornos offline.

En el fondo es complicado desengancharnos, seamos claros

Como comenta el experto en marketing digital Iván Guillén Cano «la sociedad no está preparada todavía para renunciar a las redes sociales. Básicamente porque éstas se han convertido en un medio fundamental para interactuar con otras personas. No es razonable decirles a los usuarios que la única posibilidad que tienen es aislarse».

Los números reflejan que en una sociedad como en la que vivimos, cambiar rápidamente de patrones comunicativos establecidos es complicado. Bien es cierto que igual sí que necesitamos «oxigenar» nuestra relación con los entornos digitales. Una base educativa es fundamental para saber cómo debemos comportarnos sin llegar a la adicción. Ahora bien, lo que está por venir no se sabe. Pero los entornos digitales, asegura el experto, no dejan de ser fundamentales.

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