¿Qué es y cómo funciona la “crowd-based economy”? DicZionario

En 2010 se empezó a hablar de un nuevo concepto que venía para quedarse: la economía colaborativa. Algunos dicen que lo acuñó Lisa Gansky y otros que lo desarrollaron Rachel Bootsman y Roo Rogers. Como sea, los autores hacían referencia  a una misma definición: un nuevo modelo económico en el que los consumidores pagan por acceder a productos y servicios de forma temporal, en lugar de comprarlos, como se venía haciendo tradicionalmente. Según un reciente estudio de Juniper Research, esta industria alcanzará los 40.000 millones de dólares en 2022. Y, según la fundación EY, en nuestro país ya supone el 1,4% del PIB.

Como decimos, este concepto está revolucionando la manera en que entendemos las actividades económicas de la nueva era. Y el mundo de lo digital tiene muchísimo que ver en todo ello. Ahora, Arun Sundararajan, profesor en la New York University’s Stern School of Busines ahonda en este pensamiento y nos habla de la crowd-based economy, un sistema comercial emergente al que hoy queremos dedicar uno de nuestros espacios más didácticos: el DicZionario.

 Definición de crowd-based economy

El nuevo modelo económico se basa en las necesidades y prioridades de la gran masa social. Y, por supuesto, en lo que ellos, como colectivo, son capaces de movilizar y llevar a cabo. Su llegada puede estar marcando las nuevas reglas del juego. Si antes, por ejemplo, un individuo aspiraba a comprarse un coche, ahora, puede preferir alquilarlo para un viaje concreto, un momento puntual en el que cubra un servicio determinado.

Según Sundararajan, la crowd-based economy se fundamenta en varios puntos:

Uno de ellos es la existencia de un mercado real y activo que solicita este tipo de servicios. Las herramientas digitales ofrecen el espacio y el escenario ideales para dar cobijo a quienes buscan estos productos y necesitan comunicarse con otros para llevar a cabo las diferentes transacciones. La existencia de esta realidad digital no sólo da servicios que el consumidor puede buscar, sino que le abre los ojos a nuevas funcionalidades que quizá no conocía y con la que a través de estos medios puede empezar a familiarizarse.

En relación a este principio, tenemos la idea de que muchas de las nuevas propuestas de colaboracionismo funcionan al margen de instituciones y gobiernos, que han podido centralizar o liderar este tipo de actividades en otro tiempo. En cambio, las nuevas empresas y negocios funcionan por el impulso de una multitud, un grupo de personas que aporta el capital necesario, los activos y, desde luego, la mano de obra.

Otra de las ideas que compondría el universo del crowd-based economy es cómo se difuminan ciertas fronteras que antes estaban muy delimitadas en la vida de las personas. Y esto se refiere a la faceta personal y a la profesional de cada individuo. Las actividades que se comercializan tienen mucho que ver con la privacidad de los seres humanos. Como puede ser desplazar en nuestro vehículo a pasajeros o alquilar nuestra casa a una familia que está de vacaciones. Esto provoca que la actividad comercial y la íntima estén ligadas hasta un punto que pueden llegar a suponer un mismo concepto.

Así, repercute también en nuestra faceta laboral. Este tipo de servicios ofrecen un trabajo a las personas que, en muchas ocasiones, se define por su temporalidad. No hay una jornada completa o una dedicación exclusiva a este tipo de empleo, sino que depende de las circunstancias del momento. Puede ser un incluso una actividad “profesional” complementaria.

Otro concepto que entra en juego al hablar de la crowd-based economy es el conocimiento abierto. Éste hace referencia a la forma en que los usuarios se comunican y comparten información. Tenemos el uso de open source software, programas “libres” que cualquiera puede emplear que hacen que ese “saber” esté a disposición de un usuario que, al mismo tiempo, puede convertirse en creador de conocimiento de otras disciplinas que él domine.

En el terreno de las marcas entran también aspectos derivados de la conversación en Internet y, sobre todo, en redes sociales. Los usuarios las utilizan como plataforma de comunicación con la empresa, pero también entre ellos. Por lo que una compañía debe cuidar su imagen de marca y estar pendiente de aquella información que los consumidores compartan con otros. Ellos construyen su comunidad.

Algunos ejemplos

Como hemos visto al principio del post, los modelos de negocio basados en la crowd-based economy están aumentando en los últimos años y cada vez encontramos más ejemplos de cómo son capaces de llegar a ámbitos muy diferentes. Los nombres de estas empresas son cada vez más populares entre los usuarios.

Por ejemplo, el de AirBNB, del que ya os hablamos en su momento. Se trata de una empresa que nació en 2008. Su acrónimo significa airbed and breakfast y sirve para ofrecer alojamiento a personas que puedan llegar a una ciudad por diferentes motivos y durante un tiempo indeterminado. Como sucede con este tipo de negocios, se sustenta en una poderosa plataforma de software desde la que los usuarios mantienen el contacto. Según cifras de la propia compañía, la firma sumó en nuestro país más de 4.000 millones de euros a lo largo de 2016. Casi cinco millones y medio de personas usaron sus servicios.

Los dos grandes referentes cuando se habla de la economía colaborativa suelen ser los alojamientos y lo referido al mundo del transporte. En este sector, una de las cabezas visibles es Uber. Se trata de un servicio en el que los propios particulares se convierten en conductores y trasladan a viajeros de un punto a otro. Es un servicio de puerta a puerta que ofrece ventajas de varios tipos como saber quién es el conductor con el que se va a viajar o conocer el precio del trayecto por anticipado. Algunos dicen que es una de las startups más valiosas del mundo, gracias a un valor estimado de 62.500 millones de dólares.

Hemos hablado de dos de los ejemplos más significativos cuando nos referimos a la crowd-based economy, pero, como decimos, esta nueva economía, funciona en muchos frentes. El coworking es una de ellas. Se trata de compartir un espacio de trabajo entre varios profesionales y resulta práctico para trabajadores que no pueden permitirse el alquiler de una oficina, por ejemplo. Según datos de Global Coworking Map, en nuestro país habría hasta 121 espacios de coworking, siendo uno de los referentes a nivel europeo, pues el 20% de este tipo de firmas que se abren en Europa, se darían en España. Wayco, Utopic, WeWork o Spaces son algunos ejemplos.

Otro de los ámbitos de crecimiento es el sector de la agricultura. En clara referencia a conceptos como el brand activism, encontramos iniciativas como la de Farmidable que aboga por un uso sostenible de los recursos. En este caso, hace suyo el término alimentación km 0, por el que muchos consumidores se interesan cada vez más. Farmidable pone en contacto al productor con el consumidor de forma directa, sin la intervención de otros intermediarios. Para ello, utiliza una app y las, como ellos mismos los llaman, comunidades naturales ya constituidas. Por ejemplo, colegios en los que los usuarios puedan encontrar sus diferentes pedidos cuando van a recoger a los pequeños de la casa.

Un factor imprescindible para entender el auge de este tipo de empresas lo tenemos en el uso del crowdfunding. Se trata de plataformas de micromecenazgo a través de las cuales los emprendedores pueden poner en marcha sus ideas. Se basa en la financiación colectiva y la aportación de diferentes capitales (incuso mínimos) que, unidos, consiguen reunir los fondos necesarios para realizar una inversión y así lograr un objetivo común. Algunas de las plataformas de crowdfunding más usadas son Kickstarter, Ingiegogo o Verkami. Ahora tenemos un interesante caso de crowdfunding en nuestro país como supone la primera urbanización en España financiada con fondos de este tipo. Más de 900 personas han invertido en un proyecto para el que se necesitaban 1,3 millones de euros. Se construirá en Santander.

La crowd-based economy es uno de los conceptos que pueden marcar el futuro de las relaciones económicas, sociales y culturales de nuestra era. Los nuevos pasos que se darán en esta línea seguro que nos obligan a volver a fijarnos en sus características.

Imagen | Pixabay

En Bloggin Zenith | Uber, BlaBlaCar, AirBNB entre otros: ¿la economía colaborativa es competencia desleal?

 

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Un comentario

  1. El ejemplo de Housers es realmente revelador para entender todas las posibilidades

   

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