¿Son los usuarios conscientes de las políticas de privacidad?

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En la era digital, cualquier servicio al que tengamos acceso, ya sea una red social, suscribirse a una newsletter, poder ver algún servicio en streaming, etc nos obliga como usuario a aceptar las políticas de privacidad. De hecho, son frecuentes las polémicas suscitadas con los cambios de políticas de privacidad en algunas de las apps más reconocidas como Facebook, WhatsApp, o Snapchat, entre otros.

Y cada cambio que se produce, en ocasiones, también conlleva un revuelo entre los usuarios. ¿Son los usuarios conscientes de las políticas de privacidad que aceptan? ¿Cuáles son los datos? Repasamos los cambios más llamativos en relación a las políticas de privacidad de los últimos años, y analizamos cuánto de consciencia tiene el usuario cuando estas políticas se ven modificadas.

Las políticas de privacidad, ¿las grandes desconocidas?

A día de hoy está vigente una ley promulgada en 1999, conocida como Ley Orgánica de «Protección de Datos de Carácter Personal» (LOPD), por cuyo cumplimiento vela la Agencia Española de Protección de Datos. Esta ley es de aplicación a todos los datos de carácter personal, que sean susceptibles de tratamiento. La ley es tajante en relación a las políticas de privacidad. De hecho, la mayoría de los sites cuentan con ellas y se refieren al proceso y administración de la información de los usuarios. Ahora bien, ¿nos paramos a leerlas?

La respuesta es que no, pues “no siempre se leen por completo o se aceptan a pesar de no estar de acuerdo con ellas. El usuario suele aceptar las condiciones impuestas sin más”, afirma Iván Guillén, experto en marketing digital y docente de Isemco. De esta forma, estamos aceptando cláusulas contractuales bajo el rótulo de políticas de privacidad sin quizás no ser conscientes de lo que aceptamos.

Tengamos presente que las políticas de privacidad suelen ser muy extensas. De hecho, el estudio The cost of reading privacy policies llevado a cabo por la Universidad de Carnegie Mellon, establece que leerlas puede llevarnos en torno a 180 horas al año.

Además de la longitud, la confusión en la redacción de estas políticas también llama la atención. Datos publicados en 2015 por el Departamento de Investigación de Merca 2.0 advertían que el 66% de los hombres encontraba confuso los avisos de privacidad, frente a un 70% de mujeres. Del mismo modo, casi el 40% de los usuarios entre 25-34 años nunca había leído un aviso de privacidad, seguido del 31,7% de entre 18 y 24 años y el 20,2% de entre 35 y 44 años.

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¿Qué (nos) ocurre? 

Hay diferencias, según se ha publicado, en función de cada una de las redes sociales ante la que nos encontremos. En este gráfico de Merca 2.0 se indica cuál es el porcentaje de usuarios que leen y no leen las políticas de privacidad.

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Pero ¿qué nos ocurre? ¿Por qué no leemos las políticas de privacidad? Alejandro Touriño, experto en derecho del entretenimiento, propiedad Intelectual y social legal considera que “en un tiempo en el que la protección de la privacidad es la gran asignatura pendiente de Internet, uno de los ejercicios prácticos obligados es el de conocer a quién pertenecen nuestros datos una vez decidimos compartirlos en una red social”. Ahora bien, ¿estamos dispuestos y preparados a ejercer este derecho?

Enrique Dans, experto en tecnología, considera que en general aceptamos condiciones sin saber lo que estamos aceptando: “los términos de servicio de Instagram no difieren en nada de lo que habitualmente firmamos sin siquiera mirarlo para muchas otras aplicaciones”. Sin embargo, es cierto que la concienciación está llegando poco a poco: “no es sano ni razonable que utilicemos constantemente servicios de los que ni siquiera hemos leído las condiciones”.

Dans continua asegurando que “existe un balance entre la necesidad de ser muy preciso en el lenguaje jurídico y la de redactar con claridad para que los usuarios entendamos lo que realmente estamos firmando, y hay condiciones específicas en entornos sociales que necesitan claramente de un replanteamiento. La tendencia a la sobreprotección de las empresas debe claramente equilibrarse con los derechos razonables de los usuarios, y no ser una especie de carta blanca o de blindaje ante cualquier reclamación”.

Algunas polémicas con las políticas de privacidad

Un enrevesado lenguaje no lleva a que el usuario esté exento de su conocimiento. Y el usuario es cada vez más consciente de su importancia, pues las políticas de privacidad son un elemento fundamental para adecuar a las marcas al contexto social y legal del mercado en el que se encuentran.

Se han dado situaciones en las que los cambios de política de privacidad han llevado a grandes marcas a importantes crisis de imagen. En 2012, por ejemplo, Instagram perdió casi un 25% de sus usuarios diarios una semana después de aplicar y luego retractarse de cambios en las condiciones de servicio que indignaron a sus usuarios, que temían que el servicio de intercambio de fotos usara las imágenes sin compensación. “Instagram, básicamente, pone tu vida a la venta“, se quejó el experto en redes sociales Chris Taylor, en la web tecnológica Mashable.

También está el caso de Spotify, que en 2015. El servicio de streaming musical  modificó algunos apartados dedicados a la recopilación de datos de nuestros dispositivos. En el texto, Spotify nos avisaba de que con nuestro permiso podía acceder a datos como nuestros contactos, nuestra localización por GPS o nuestra cámara. Poco después tuvo que pedir disculpas. Fue su CEO, Daniel Ek, el que tuvo que publicar en el blog oficial una entrada titulada “SORRY”(perdón).

Reconoció que Spotify “debería haber llevado a cabo una mejor labor de comunicación”.  Y continuaba: “Nuestros nuevos términos y condiciones de privacidad han generado mucha confusión en cuanto a qué tipo de información tenemos acceso y para que la utilizamos. Pedimos disculpas por eso”.

Recientemente fue WhatsApp quien modificó su política de privacidad. Un mensaje nos apareció en nuestra pantalla indicándonos que aceptáramos unos cambios en los términos y condiciones de la aplicación. ¿Qué significaban estos cambios? Precisamente que ahora van a poder usar esa información para ofrecer al usuario publicidad en Facebook mientras éste navega. Por ejemplo, si hablamos de un cierto restaurante por Whatsapp, es posible que luego ese restaurante nos aparezca como recomendado.

Estos son algunos de los casos más llamativos de los últimos años. Estos casos, como no, demuestran que realmente los usuarios están preocupados por lo que contienen las políticas de privacidad. Tanto es así que el 57% de los consumidores a nivel mundial asegura que le preocupa la privacidad online, según una investigación del Centre for International Governance Innovation (CIGI) e Ipsos.

Cada vez estamos más comprometidos con la privacidad

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“Cuanto más conocemos sobre cómo nuestros datos están siendo utilizados, más probabilidades tenemos de evaluar el coste real de estos servicios gratuitos. Y algunos de nosotros intentaremos abandonar esta economía de ‘información a cambio de servicios’”, afirma Julia Angwin, senior reporter de ProPublica, en el New York Times.

Esta teoría es también defendida por un estudio del Centro de Investigaciones Pew realizado para celebrar los 25 años de la world wide web. La tesis del informe concluye que “la gente continuará –a veces de mala gana– favoreciendo las ventajas y ganancias que se perciban inmediatamente sobre la privacidad; y la privacidad será algo que solo la élite disfrutará”.

Estas teorías intentan analizar el coste de la privacidad, pero quizás deberíamos plantearnos si es posible alcanzar dicha meta. Hoy en día ya estamos viendo cómo los usuarios más jóvenes utilizan las redes sociales sin tener tanto en consideración la privacidad; y en casos como los de las apps de Secret, Whisper e incluso Snapchat podemos ver servicios ideados para los tiempos en los que vivimos.

La privacidad puede ser o no un bien de lujo, pero sí es cierto que los usuarios cada vez exponen más sus vidas online a cambio de determinados servicios gratuitos. Y lo más importante: hay conciencia en ello. El intercambio, por ahora, parece favorecer a ambas partes. Pero, ¿cómo deben proceder las marcas?

También ayuda a la planificación

Tomás Ravina, Account Director de Zenith, asegura que “en realidad el tema de la búsqueda de privacidad por parte de los usuarios es un desafío que no es exclusivo de las marcas. Afecta también a soportes y agencias. Todos debemos emprender una labor educativa con la que consigamos que los usuarios perciban los beneficios que la publicidad proporciona, además de informarles de las ventajas que la tecnología nos ofrece para poder realizar una segmentación más personalizada y por tanto que reciban una publicidad acorde a sus intereses”.

Ravina también asegura que “a esta labor se une la necesidad de absoluta transparencia respecto a qué información y qué uso se va a hacer de los datos proporcionados por el internauta. En este sentido trabaja ya la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) y su Guía sobre el uso de cookies. Un paso muy relevante para ganarnos la confianza de los consumidores. Confianza que afianzaremos con una oferta de publicidad relevante, innovadora y no invasiva”.

En este sentido el mundo de las aplicaciones o la publicidad nativa está abriendo, asevera  el Account Director de Zenith, una ventana de oportunidades a las marcas. Surgirán más, seguro. En definitiva, opina Ravina, “si los usuarios se sienten bien informados y valorados por las marcas no rechazarán la publicidad”.

Además, gracias a esta información compartida, es mucho más sencillo hacer una planificación mucho más precisa, una publicidad más contextual, y de acuerdo al comportamiento y a los intereses del usuario. ¿Estamos preparados para dar el siguiente paso?

Imagen | notnixon; stevepb
En BlogginZenith | La privacidad del siglo XXI: ¿se está convirtiendo en un lujo?

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