Del storytelling al storyliving, la evolución que las marcas necesitan conocer

Nuevas campañas publicitarias nacen cada día para lograr un único objetivo: vender productos. Vender productos a unos consumidores que reciben unos 3.000 impactos publicitarios al día, por lo que no resulta una actividad sencilla. Para lograr tener éxito, es fundamental trabajar la conexión con los consumidores.

Las marcas se esfuerzan pero, aún así, parecen no conseguir sus objetivos como les gustaría. Según un reciente estudio de Marketo, más de la mitad de los consumidores considera que las empresas no valoran lo suficiente su engagement. Para paliar esta situación, nuevas herramientas y conceptos se ponen en marcha. Como el que vamos a estudiar hoy, el storyliving.

Storyliving, la necesaria evolución

Durante muchos años, hemos hablado de la importancia del storytelling. Sabemos que es un recurso que las marcas han usado para empatizar con los consumidores desde lo más íntimo y personal de su esencia como empresas. El poder de las historias. Nos habla de la metamorfosis que vive un mensaje comercial que pasa de decir “compra” a “escucha por qué es importante el producto que hago”. Se trata de dar contenido y peso a las marcas a través de relatos llenos de vivencias, sentimientos, pasiones, aspiraciones… que logren que los clientes conecten con ellos.

Pero, en la actualidad, se ha llegado a un nuevo punto en el que los marketeros se preguntan: ¿de verdad les interesa a los consumidores la historia de nuestra marca? ¿Hasta qué punto la audiencia se siente identificada con un relato vivido por otros? ¿Acaso todas las historias interesan a los consumidores por igual? Sólo hemos de fijarnos en el mundo del cine o la literatura. Hay películas que nunca conectarán con nosotros, por mucha calidad que tengan, simplemente, porque la historia que cuentan no nos produce interés.

En el mundo del marketing sucede lo mismo. Así, el storytelling se ve obligado a evolucionar para volver a sorprender a un espectador saturado de estímulos publicitarios. Y que necesita propuestas llamativas y originales. De esta forma, llegamos al storyliving, un paso más allá. Estamos hablando de contar historias sí, pero que puedan ser vividas con el consumidor, compartidas y construidas por receptor y emisor. Que el consumidor sienta que puede formar parte de esa narración y que la experiencia será relevante en su experiencia.

Algunas características

El storyliving recoge aquello más importante del storytelling, pero también de otro concepto: el storydoing. El storydoing supone otro paso más en el acercamiento al consumidor: de contar historias a hacer cosas. Las marcas se muestran dinámicas y activas y ello las conecta con el público. Todos conocemos eventos promocionados por marcas: conciertos, festivales, talleres, competiciones deportivas… El usuario siente que la firma se implica con sus intereses. Se crean productos y herramientas, no sólo se habla, sino que se actúa. Hay utilidad y un servicio práctico, una actividad de la que el consumidor se beneficia: por ejemplo, ver a su artista favorito en concierto. Como se dice en el refranero popular: del dicho al hecho.

El storyliving se nutre de todas estas ideas para ir más allá. Se trata de vivir la marca en primera persona y de compartir experiencias e ideales con esa firma. Algo que proporcionará la conexión y la fidelización deseadas. Nos lleva a un concepto del que no dejamos de hablar últimamente: el consumer-centric. Poner al consumidor en el centro de la estrategia y trabajar para mejorar su experiencia, tener en cuenta sus gustos y características únicas. Una idea que nos hace viajar rápidamente hacia otra de las tendencias actuales: la publicidad personalizada. El Big Data es la herramienta que ayuda a conocer no a la gran masa social formada por muchos y diferentes consumidores, sino a cada cliente en concreto, con sus cualidades irrepetibles. Según un estudio de Ricoh Europe, el 70% de los consumidores valora que una marca se preocupe por ellos a nivel individual.

El storyliving se relaciona con otros conceptos con los que ya estamos familiarizados. Por ejemplo, el brand activism. Una forma de conectar de manera íntima y profunda con el consumidor es construir un mensaje que le preocupe, que le concierna, que apele a sus cavilaciones y creencias como ser humano. Las marcas que nos hablan del medioambiente, de los derechos sociales, de causas humanitarias… están haciendo uso de ese storyliving ante el que el consumidor no puede (aunque quiera) dejar se sentirse implicado.

Compartir experiencias, construir vivencias juntos… es algo que se puede conseguir con acciones llamativas, que sorprendan al consumidor. Tenemos el ejemplo de las tiendas pop-up, un comercio efímero que construye experiencias que calan en el consumidor; pero también los roadshows, los eventos espectáculo itinerantes, que juegan con todo tipo de elementos para que el consumidor asocie una actividad lúdica, divertida e irrepetible al nombre de la marca que se la hizo vivir. O podemos hablar, claro está, del marketing de guerrilla. Esas acciones promocionales que sorprenden al cliente en la calle, rompen su rutina y que llaman su atención o le hacen sonreír, son un buen ejemplo de cómo la marca puede regalar “aventuras” inolvidables al público.

Las herramientas del nuevo siglo

El storyliving parece una evolución natural del storytelling, una idea que se adecua más a las necesidades de los nuevos tiempos marketeros. Todavía más cuando nos fijamos en todas las herramientas que la publicidad ya está utilizando y que ponen de relieve, precisamente, la mejora en la experiencia del consumidor.

Un elemento clave de la nueva publicidad es la realidad virtual. De hecho, pensando rápidamente, hay pocos instrumentos que trabajen tan bien con el storyliving. Las historias inmersivas de los contenidos en 360º son experiencia viva, pura y dura. Le permiten al consumidor viajar a una realidad única y diferente, que trata de ser asombrosa y sugestiva. El usuario se sumerge completamente en el mensaje y lo vive desde dentro. Un reciente estudio de Google revela que la realidad virtual tiene un mayor potencial para transmitir mensajes publicitarios que otros formatos más clásicos como el texto, las imágenes fotográficas o el vídeo. La comunicación a través del VR es más multisensorial, implica más al consumidor y, por ello, es más fácil que se identifique con la propuesta comercial.

Otro instrumento que cumple con esa función es la interactividad. Los spots interactivos en los que el consumidor elige el camino a tomar suponen una estimulante manera de trabajar el storyliving. Pues el usuario participa en la propia concepción del anuncio, que nunca sería igual si él no estuviera para tomar determinadas decisiones. Ahí, de nuevo, la marca está trabajando en edificar una vivencia nueva de la mano del consumidor, al que hace protagonista activo de su mensaje. Tanto con la VR como con la interactividad, las historias dejan de ser lineales. Las marcas se ven en la obligación de construir mensajes más complejos y profundos, con varias capas, de explorar y plasmar todas las opciones que el consumidor puede desear.

El live-streaming es también un jugador a tener en cuenta. Live-streaming no es sólo una evolución tecnológica que se da gracias a los nuevos avances, sino que supone una forma directa de conectar con la audiencia. Hacerla partícipe de una transmisión en directo es invitarla a compartir un evento, una presentación, un desfile, un acto… Una experiencia nueva en la que el directo suma sus características de espontaneidad, frescura, dinamismo, actualidad… Muchas plataformas están presentando sus propias soluciones para el live-streaming: Facebook, Instagram o Twitter saben de lo relevante que resulta darle a las marcas herramientas con las que puedan conectar con su audiencia.

El storytelling nos habla de la importancia de las historias. El storydoing, de lo necesario de las acciones. El storyliving cobra ahora más protagonismo que nunca. Hacer vivir al consumidor experiencias en primera persona, que le interesen, le impliquen y, por tanto, perduren en su memoria. Y, siempre, de la mano de la marca.

Imagen | PIxabay

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Un comentario

  1. Hacerle vivir experiencias al consumidor hará que recuerde mejor lo relacionado con la marca

   

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