¿Qué es y cómo funciona la política de privacidad? DicZionario

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Muchos consumidores no tienen claro el uso que se le da a sus datos una vez que pasan a las manos de las empresas o marcas, puesto que en muchos casos, éstas pueden aprovecharse de esos datos para sacar beneficios. Esto es un problema que incluso se recoge legislativamente. Pero no solo para el usuario.

Pensemos que el miedo a ceder los datos puede provocar que muchas marcas se encuentren con que algunos usuarios comparten datos falsos como una forma de proteger mejor su privacidad en Internet, lo que hace que su publicidad segmentada sea ineficaz. A partir de aquí queremos reflexionar sobre la política de privacidad llevada a cabo por algunas empresas, que son un aval tanto para el usuario como para la propia marca. De todo ello hablamos una semana más en una nueva entrega del DicZionario.

Definición de política de privacidad

Debido al uso masivo de las redes sociales, en particular, y de los entornos 2.0 en general, se generan muchos debates sobre la privacidad y sobre cómo se utilizan los datos de los usuarios para la publicidad. Un nuevo concepto ha llegado a nuestras vidas para quedarse: la política de privacidad.

Las leyes sobre la privacidad son normas legales dictadas con la finalidad de proteger y preservar los derechos del espacio privado de las personas. Cada vez con mayor asiduidad los gobiernos y otras organizaciones tanto públicas como privadas recolectan grandes cantidades de información personal sobre las personas para una gran variedad de propósitos. Las leyes sobre la privacidad regulan qué tipo de información puede ser recolectada y cómo que dicha información debe ser utilizada y almacenada.

En España contamos con una protección dada desde el propio ordenamiento jurídico. Concretamente el Artículo 18.4 establece: “La ley limitará el uso de la informática para garantizar el honor y la intimidad personal y familiar de los ciudadanos y el pleno ejercicio de sus derechos”. De hecho se promulgó en este sentido en 1998 la «Ley General de Telecomunicaciones».

Pero actualmente sigue vigente una ley promulgada en 1999, conocida como Ley Orgánica de «Protección de Datos de Carácter Personal» (LOPD), por cuyo cumplimiento vela la Agencia Española de Protección de Datos. Esta ley es de aplicación a todos los datos de carácter personal, entendidos como tales “cualquier información concerniente a personas físicas identificadas e identificables”, que sean susceptibles de tratamiento, y a toda modalidad de uso posterior de estos datos.

En este sentido se aplica tanto a los ficheros y tratamientos de datos de carácter personal realizados por los responsables de dichos ficheros de titularidad pública como privada, y en ella se recogen una serie de medidas de obligado cumplimiento para todas las empresas y entidades públicas, que dispongan de datos de carácter personal, independientemente del soporte en el cual son almacenados.

A partir de la ley, las empresas establecen políticas de privacidad particulares, que los usuarios aceptan o no, a la hora de utilizar un servicio determinado. La situación es que, a pesar de que los usuarios y sus datos se encuentran amparados, las marcas se enfrentan hoy en día a usuarios que cada vez son más desconfiados a la hora de proporcionar su información por miedo al uso que se le va a dar.

Sin embargo, en algunos casos, los consumidores estarían dispuestos a dar su información a cambio de algún tipo de beneficio. Al margen de todo ello, hay empresas que han sufrido en primera persona la “ira” de los usuarios y que han tenido que modificar los cambios en la política de privacidad para evitar una crisis mayor. ¿Repasamos estos y otros ejemplos?

Algunos ejemplos

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¿Por qué querría un servicio de música en streaming como Spotify acceder a las fotos, publicaciones y localizaciones de sus clientes? Éste fue el gran interrogante que se plantearon sus 75 millones de usuarios a raíz de la actualización de la política de privacidad de la compañía, anunciada a finales de agosto y que generó una polémica sin procedentes.

Viendo reacciones en redes sociales (y suponemos que monitorizando mayores bajas de usuarios de lo normal), Daniel Ek, CEO de la compañía, decidió publicar un comunicado titulado “Sorry” (lo sentimos), en el que indicó que la nueva política “causó mucha confusión sobre a qué tipo de información accedemos y lo que hacemos con ella”. El directivo aseguró que hay una explicación razonable para todo esto, y que “la privacidad y seguridad de la información de sus clientes es y seguirá siendo la más alta prioridad de Spotify”.

En definitiva Spotify siempre te pedirá permiso explícito cuando necesite acceder a tus datos personales y siempre los usará en añadidos como Running y otros que se ha visto obligado a anunciar con antelación, como que podamos encontrar usuarios de Spotify en nuestros contactos o que podamos manejar la app con comandos de voz. El problema de este ‘malentendido’ que, como reconoce el propio Daniel, ha sido una mala gestión comunicativa, es que generará inevitablemente desconfianza en los usuarios. Es ahí donde está la verdadera clave, la confianza.

Facebook también ha estado en el candelero con el tema de la política de privacidad. La última vez, en febrero, quedó en entredicho por la denuncia de la universidad de Lovaina (Bélgica), que a través de un informe señaló que la popular red social incumple las leyes europeas de Protección de Datos a pesar de haber actualizado los términos de uso de la plataforma en repetidas ocasiones.

En dicho informe se recoge una serie de irregularidades, tales como el uso de contenido con fines comerciales y la recopilación de datos acerca de sus usuarios, tales como su geoposicionamiento. Además, denunciaron los investigadores, el principal problema es que «obliga» a los usuarios a conocer una carga excesiva de cláusulas y a navegar por sus «complejas configuraciones».

Si hablamos de confianza, cabe destacar la que tenían los usuarios de la red social Ashley Madison, que es un caso también particular: intrusión y robo de la base de datos de esta red social y su posterior publicación en internet. Nada que ver a priori con lo visto anteriormente. Este verano saltó la noticia y con ella se destapó una cantidad enorme de datos personales de personas que eran infieles a sus parejas (y lo habían dejado registrados).

Ahora bien, ¿corrían el riesgo de ser “pillados”? Tal y como establece Abogacia.es, expertos en derecho, una vez examinados los Términos y condiciones de uso y la Política de Privacidad, nos encontramos con numerosas cláusulas de dudosa legalidad, al menos conforme a la normativa española de protección de datos y directiva europea 95/46/CE y también observamos una descarga total de responsabilidad sobre los hechos sucedidos en muchos puntos de la misma.

En resumen, si el usuario antes de darse de alta hubiera dedicado unos minutos a leer la política de privacidad, probablemente hubiera pensado dos veces el darse de alta en dicha página. Un caso antagónico es el de Google, por ejemplo, que no solo da información sobre su política de privacidad, sino que además lo explica a un nivel muy sencillo para que el usuario lo entienda. Y cuentan hasta con un vídeo en tu idioma.

Por último, y no menos importante, está el caso de WhatsApp. La compañía suspende en la evaluación realizada por la Electronic Frontier Foundation (EFF) sobre privacidad en la red. Según el informe presentado por esta organización, el servicio -propiedad de Facebook- no cumple con prácticamente ninguna de las recomendaciones que se exigen a todas las empresas del sector.

Entre las malas prácticas señaladas destacan no exigir orden judicial para entregar información privada, no informar a los usuarios acerca de las demandas de datos del gobierno o no dar a conocer sus políticas de retención de datos.

Y es que la política de privacidad, ese acuerdo que se “firma” entre el usuario y la compañía, es precisamente un pacto de fidelidad que en ningún caso debería ser abusivo. Además, debe dar confianza al usuario, como es el caso de Windows 10: parece que Microsoft no puede deshacerse de la idea de que su nuevo sistema operativo te espía. Además, la falta de transparencia por parte de la tecnológica respecto a la privacidad en el nuevo sistema operativo no está ayudando a disipar esa impresión.

En cualquier caso estamos viviendo un momento especial para todo lo que tiene que ver con la política de privacidad. Si analizáramos la inmensa mayoría de las apps que usas en tu dispositivo móvil, por ejemplo, es probable que quisieras desinstalarlas todas, por no mencionar el propio sistema operativo, porque ya es una práctica común en el mercado.

Frente a esto, la dura verdad es que hoy en día (casi) nadie se lee los términos de uso ni la política de privacidad de los servicios que usa, y a la mayoría sólo les importa cuando se genera alguna polémica y sale a la luz. Pero ¿qué es más importante? ¿Ser restrictivos o que los usuarios realmente sean conscientes de lo que aceptan en los términos de uso?

Imágenes | Fuse; arsenisspyros
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2 comentarios

  1. La restricción nunca es buena para nadie, pero para las marcas menos aún.

   

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