¿Qué es y cómo funciona el “design thinking”? DicZionario

Vivimos una época que valora mucho la explosión de ideas y conceptos nuevos. El mundo económico y empresarial se revoluciona constantemente. Por ello, también se hace necesario que las marcas innoven en sus procesos creativos.

Una de esas nuevas formas de pensamiento nos la trae el design thinking. El pensamiento de diseño nos ofrece herramientas únicas para acercarnos a un consumidor, un espectador, una audiencia. Es necesario conquistarles desde estrategias novedosas y técnicas que aboguen por la originalidad y la empatía. Así trabaja el design thinking.

Definición de design thinking

El design thinking es una forma de pensamiento aplicable a la manera en que las empresas trabajan. A la hora de lanzar nuevos productos, de encontrar soluciones a un problema, de reestructurar los procesos de producción, el design thinking aporta herramientas que pasan por dejar de lado la forma más clásica. Su propuesta se enfoca en la creatividad y la innovación. Y en una nueva visión que lleve a entender las pautas creativas desde otra perspectiva.

Pone el foco en el consumidor, en aquel a quien todos y cada uno de los planes de marketing quieren llegar. Está muy enraizado con las nuevas metodologías que optan por el consumer-centric y ponen al cliente en el centro de la estrategia. El impulso del design thinking consiste en entender y dar solución a las verdaderas necesidades de ese consumidor. Por lo que acercarse a él y lograr poner en valor sus deseos es clave.

Se trata de una escuela de pensamiento que tuvo sus inicios en los años 70, en la Universidad de Stanford de Calilfornia. La consultora de diseño IDEO fue su gran precursora dentro del mundo empresarial. Su CEO, Tim Brown, es el principal valedor de sus técnicas, que explica: “Es una disciplina que usa la sensibilidad y métodos de los diseñadores para hacer coincidir las necesidades de las personas con lo que es tecnológicamente factible y con lo que una estrategia viable de negocios puede convertir en valor para el cliente. Así como en una gran oportunidad para el mercado”.

El design thinking se articula en una metodología que consta de cinco pasos:

  • Empatizar. Para saber qué necesita un consumidor es primordial, antes de nada, conocerlo. Pero no se trata sólo de hacer estudios de mercado. O de realizar entrevistas y que sus respuestas cuenten como un número más. Se hace necesario profundizar en esa relación. Así saldrán a la luz las verdaderas motivaciones personales. Sólo entendiéndolas y haciéndolas nuestras, el resto del proceso creativo podrá dar en el clavo.
  • Definir el problema. Es la hora de centrar nuestro objetivo. La información obtenida nos ayudará a saber qué perspectivas de trabajo es necesario enfocar. Así como por qué tipo de instrumentos cabe apostar. O dónde están las áreas de valor y las posibles fuentes de conflicto. Tanto si queremos lanzar un nuevo producto o resolver una crisis interna, esta fase ayuda a focalizar en los desafíos concretos para los que buscaremos una solución innovadora.
  • Idear. Es la hora de pensar y lanzar ideas sobre posibles soluciones. No es un momento de criticar o mostrarse a la defensiva. Aunque algunos conceptos nos resulten extraños. Si apostamos por el design thinking es porque queremos salir de esa zona de confort que siempre nos remite a las mismas estrategias. Buscamos la participación, la colaboración y el aporte por parte de todas las personas que forman el grupo de trabajo. Lluvias de ideas para que éstas fluyan y construyan. Debemos partir de la premisa de que todos los puntos de vista son igualmente válidos.
  • Prototipos. Las ideas de la fase tres se convierten en realidad. Las hemos trabajado e implementado con las aportaciones de todos. Es el momento de plasmarlas. Siguiendo las premisas del visual thinking, la idea se convierte en un prototipo tangible, un aterrizaje a tierra que ayudará a perfeccionar las opciones.
  • Testear. Por último, hemos de enfrentar nuestro prototipo con la verdad. Es decir, con el consumidor. Para él debe suponer una forma de solucionar aquello que buscaba. Por mucho que hayamos trabajado en un concepto, nunca podremos estar seguros de su eficacia hasta que el cliente no lo pruebe y pueda darnos su opinión. Tal vez no resulte como esperamos. Tal vez el feedback que nos devuelva nos haga darnos cuenta de que hemos planteado mal alguno de los procesos. Y necesitamos volver atrás…

No ha de importarnos. Una de las características del design thinking reside en que aprendemos mientras trabajamos. Por lo que, lo que podría ser un revés en otras metodologías, aquí se convierte en una oportunidad para explorar nuevos caminos y soluciones.

Algunos ejemplos

El design thinking se encuentra en la médula de muchas empresas. Sobre todo, las que son conscientes del reto que plantean los nuevos tiempos y de cómo el consumidor ha de ser el foco natural de todas las estrategias. Y de que llegar hasta él y sus percepciones más íntimas supone una línea de pensamiento no tan novedosa. Sino, que realmente, es una planificación que entiende el proceso no como una mera relación comercial, sino como el establecimiento de una relación de intimidad y cercanía que también ayudará a crecer a la empresa.

Las iniciativas para hacer llegar las bondades del design thinking a más y más consumidores son muchas. Tenemos, por ejemplo, las que lleva a cabo la propia Google, una empresa que sabe que aprovechar la innovación y la creatividad puede ser una gran herramienta. Así, en el Campus de Google de Londres celebra todo tipo de conferencias y talleres. Como la que protagonizaron las startups y que vino de la mano de una empresa española que tiene el design thinking por bandera. De hecho, el nombre de esta consultora es Desingthinking.gal.

Un aspecto muy interesante del design thinking es que no sólo es una estrategia empresarial sino que puede aplicarse a todos los procesos vitales. Una empresa como Randstad aboga por su puesta en marcha en el área de recursos humanos. Pues le brinda una manera única y excepcional de saltar de un mero “desarrollador de procesos” a convertirse en un “arquitecto de experiencias”. En este caso, la empresa opta por un conocimiento profundo y certero de las personas antes de implicarse con ellas en una dinámica laboral. Todo para conseguir que ésta sea más fructífera y satisfactoria.

Una de las marcas españolas que se ha hecho popular por aplicar herramientas de trabajo frescas e innovadoras como el design thinking es Zara. Mucho se ha hablado del proceso creativo que llevó a Amancio Ortega a configurar sus tiendas de ropa en una “cadena de moda rápida”. Para los expertos, gran parte de su éxito radicaría en una constante innovación y reinvención, que le lleva a variar sus colecciones de ropa de forma permanente y a ofrecer a los clientes originales, creativas e inusitadas piezas de vestir con las que puede sentirse renovado constantemente.

Las virtudes del design thinking son palpables en cualquier ámbito empresarial. Por ejemplo, en el sector bancario. BBVA es una de las marcas españolas que no duda en echar mano de sus beneficios.  Así, sus cajeros automáticos han pasado por un proceso de remodelación en el que esta tendencia de pensamiento ha tenido mucho que ver. El objetivo era hacer esos cajeros “más humanos”. Es decir, más sencillos, accesibles y en sintonía con las necesidades de sus clientes. De ahí, su diseño con una inclinación, su búsqueda de la privacidad o la simplificación del teclado.

Y también en el ámbito de la salud encontramos soluciones en este sentido. La Clínica Mayo, por ejemplo, es una de las instituciones sanitarias que está haciendo del design thinking un modelo de trabajo. Desde 2008, funciona el CFI, el Centro de Innovación, que se ocupa de estas cuestiones. Se fundamenta en entrevistas e investigaciones sobre usuarios y familiares. Trabajan en un sistema de resolución de problemas que aplica las cinco fases que ya hemos visto.

El design thinking supone una auténtica revolución en la forma de pensamiento. Utiliza más herramientas para encarar los procesos comerciales y empresariales. Enfoca de forma creativa e innovadora y aprovecha todas nuestras capacidades en disciplinas o ejercicios que no habíamos imaginado. No nos extraña que más y más marcas apuesten por este revelador concepto.

Imagen | Pixabay

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