¿Qué es y cómo funciona el crowdfunding? DicZionario

crowdfunding

Este mes de octubre saltaba la noticia: el Gobierno español está decidido a regular el crowdfunding. El coste administrativo de las plataformas de financiación participativa será de unos 830 euros iniciales para conseguir la autorización y unos 2.400 euros al año.

Esta regularización proviene del “gran potencial” que tienen estas plataformas. Es, como ilustra la imagen, un viaje en avión: se necesita a gente con un destino común para que el viaje se produzca. Pero ¿en qué consiste exactamente el crowdfunding? ¿Qué proyectos destacan? De todo ello hablamos una semana más en esta entrega del DicZionario.

Definición del concepto de crowdfunding

El crowdfunding o micromecenazgo es, en pocas palabras, la financiación colectiva a través de internet. Se trata de una cooperación, llevada a cabo por un grupo de personas para conseguir dinero (u otros recursos), aunando esfuerzos e iniciativas de otras personas u organizaciones. También se le conoce como “tercerización masiva” o “subcontratación voluntaria” (ambos conceptos desconocidos para la mayoría).

El antecedente inmediato al crowdfunding está con las donaciones, o incluso el mecenazgo que ya se practicaba hace siglos. El término se sigue renovando ahora con las redes sociales, las comunidades online y las tecnologías de micropagos. En España, encontramos el primer antecendente con el grupo Extremoduro, que financió en 1989 su primer disco (eso sí, sin tecnología que lo mediara).

Pero no olvidemos que para que el micromecenazgo exista, debe haber relación tecnológica que lo medie. Por ello, el crowdfunding nace de los primeros proyectos de Open Source donde los desarrolladores inicialmente ofrecían su trabajo de forma desinteresada. Posteriormente, frente al éxito de sus creaciones y también al trabajo que eso conllevaba, empezaron a pedir donaciones y la respuesta fue de nuevo mayor de la esperada. En ese momento, entre los creadores (que requerían de financiación) y los usuarios (que demandaban proyectos creativos y pagaban por ellos) nacía el crowdfunding, financiando así proyectos creativos. Pero ¿qué ejemplos concretos podemos destacar?

Algunos ejemplos

¿Cuánto dinero ha dedicado el Estado en la última década a acabar la Sagrada Familia de Barcelona? Absolutamente nada. Y no porque no quiera, sino porque no puede. Fue Gaudí quien dejó escrito que el templo se financiaría tan solo a través de los donativos de aquellos que buscaran expiar sus pecados. Y así se sigue haciendo, con la suma de lo que se recauda por las entradas para visitarla. La basílica es, pues, un caso histórico de crowdfunding y un ejemplo claro de que Kickstarter, la principal web estadounidense de financiación colectiva, no ha inventado nada que ya no existiera.

Joan, Adrià y Jonàs Sala son, si puede decirse, los precursores en esto del crowdfunding en nuestro país. Fueron ellos quienes crearon en 2010 Verkami, a partir de la cual surgió después un importante boom de la financiación colectiva. Ya hay unas 60 plataformas registradas (un 10% de las 600 que se calcula que existen en el mundo), recaudando dinero para proyectos de todo tipo. Y es que tras haber movido 19 millones de euros solo el año pasado, esta práctica de financiación masiva no hace más que crecer en un país en el que comenzamos a plantearnos si no será una alternativa a la financiación bancaria.

Un buen ejemplo lo tenemos con “Heroquest 25 aniversario (Lánzanos)”. Una petición individual en Change.org solicitó la creación de una edición conmemorativa de un mítico juego de rol de los años ochenta por su 25 aniversario. Con una recaudación de 680.037 euros es el líder indiscutible. La iniciativa no está exenta de polémica ya que aún se discute si el lanzamiento respeta la propiedad intelectual de los creadores de Heroquest, pero los datos están ahí. Se ha convertido en el proyecto que más dinero ha recaudado en la historia de crowdfunding en España.

Si hablamos de “cuidado social”, destaca el caso de Portal CUIDAdano, que aprovecha la cercanía para hacer la vida más fácil al vecindario. Para ello crea redes solidarias de apoyo vecinal para fomentar la idea de ciudadanía corresponsable y gestionar el cuidado de los vecinos de una forma sostenible.

Los proyectos culturales se siguen llevando la palma a la hora de alcanzar el éxito en la financiación colectiva. Y un buen ejemplo lo tenemos en el cine, con la película El Cosmonauta: 400.000 euros aproximadamente. La película fue el primer proyecto español en financiarse mediante crowdfunding gracias a la ayuda de más de 5.000 personas e instituciones de todo tipo. Eso sí, no siempre hubo buenos momentos. En un momento dado un patrocinador se cayó y los productores necesitaron recaudar 40.000 euros en apenas una semana para seguir rodando. Recurrieron a Lánzanos y la campaña fue un éxito superando los 130.000 euros.

Otro de los últimos casos más llamativos lo tenemos con el partido político PODEMOS, de Pablo Iglesias. Es uno de los mejores ejemplos de que este tipo de financiación también puede ayudar (y mucho) a aquellos partidos políticos sin casi fondos y que necesitan otras formas de conseguir dinero. En este se recurrió a varias campañas propias de crowdfunding en las que financiaban por separado la campaña electoral, la auditoría interna del partido, el buzoneo, etc.

Estos y otros ejemplos no son más que la “punta del iceberg” y demuestran en su conjunto que la microfinanciación se ha convertido en una vía para dar salida a proyectos de toda índole. Si podemos realquilar una habitación a un extraño (AirBnb) y compartir un trayecto en coche con cualquiera para recortar gastos (Bla Bla Car), ¿por qué no vamos a financiar el proyecto de un desconocido? No se trata de altruismo, sino de manejar los propios recursos bajo otros parámetros, que implican, además, cierta dosis de buena fe. ¿Estamos preparados?

Imagen | skitterphoto.com
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Un comentario

  1. El problema principal es la oposición frontal de los bancos a esta nueva forma de financiación. Ven como su oligopolio de las transacciones monetarias está siendo “puenteado” por las nuevas tecnologías y lo agradecido de las pequeñas aportaciones. Mucha gente ha participado con pequeñas donaciones a la financiación de discos de pequeños grupos de música, por ejemplo. Si mal no recuerdo en el que yo participé tenía un tope de 6.000€. Uno, dos, tres proyectos de este tipo no generan mucho dinero pero si los sumamos (y solo me estoy refiriendo a los grupos de música) la cantidad empieza a ser considerable. No hay legislación sobre este tema y estoy completamente seguro que los bancos y sus lobbys harán su trabajo para que el futuro régimen sea de lo más restrictivo.

   

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