¿Qué es eso de la contraprogramación? Así es “la guerra de los tres días”

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La contraprogramación es, para muchos, uno de los problemas más graves de la televisión actual. Se trata de una práctica que llevan a cabo todas las cadenas y su objetivo no es otro que conseguir más audiencia que su rival directo y, de paso, frenar el éxito del producto que se emite en la cadena de la competencia.

Pero, ¿cuáles son las reglas de la contraprogramación?, ¿cómo y por qué se produce este hecho?, ¿quiénes son los principales perjudicados?, ¿cuáles son los casos más llamativos? A continuación un repaso por las características esenciales de una de las prácticas más determinantes de la televisión actual.

¿Qué es la contraprogramación?

Uno de los aspectos más interesantes de la contraprogramación es que, en nuestra televisión, es una palabra que ha perdido su verdadero significado para convertirse en otro término muy distinto pero que, eso sí, formula un práctica a la que sí o sí, necesitábamos dar un nombre.

Como decimos, usamos este vocablo de una manera equivocada. La palabra contraprogramación nace en la parrilla norteamericana y se refiere al interés por programar un espacio que sea capaz de atraer a la audiencia que no está interesada en el contenido del programa líder que está emitiendo otra cadena. Es decir, la contraprogramación busca hacerse con el target al que ese espacio de referencia no logra abarcar, seduciendo a un número de espectadores que, tal vez, deambulan por la parrilla sin encontrar nada de su agrado.

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La manera en que hacemos uso del término contraprogramación tiene más que ver, en realidad, con el término stunting, que se refiere a cambios en la programación de las cadenas sin previo aviso o incluso a la supresión fulminante de espacios que se consideran poco rentables, todo ello motivado por la necesidad de presentar unas buenas cifras de audiencia en el balance mensual que hacen todas las cadenas.

Para nosotros, contraprogramación es confrontar un programa con otro en su mismo horario de emisión con la intención de restarle toda la audiencia posible. Es una práctica que emplean las cadenas cuando su rival tiene un producto muy fuerte, que se lleva la cuota de share o cuando, por ejemplo, se estrena una nueva serie. Imaginemos una nueva ficción de la que se está hablando bastante, hay expectación por verla, suponemos que puede lograr una buena audiencia pero no estamos seguros, porque, en realidad, aún no tiene una base social fidelizada. Para tratar de frenar su impulso, la cadena rival programaría, en el día en que se estrena ese formato, un producto muy consolidado, por ejemplo, la nueva temporada de su serie de éxito. De esta forma, se asegura que el público fiel a ese producto se quedará en su cadena y no dará una oportunidad al nuevo espacio.

La regla de los tres días

Esta forma de contraprogramar supone, en algunas ocasiones, un verdadero corre-pilla para las cadenas que, tras el anuncio de la competencia, deciden modificar su parrilla y cambiar el día de emisión. Determinación que, por su parte, puede provocar nuevos movimientos. A día de hoy, la contraprogramación es esencial para entender las estrategias de las cadenas y determina todas y cada una de las emisiones. Constantemente, los estrenos o los cambios de días se ven justificados por las decisiones que las empresas rivales han tomado. Pero, eso sí, esta práctica se ve puesta en jaque por lo que, de alguna manera, podríamos considerar su “némesis”, esto es, la regla de los tres días.

En julio de 2006 el Gobierno aprobó una medida por la que las cadenas estaban obligadas a anunciar cuáles serían sus parrillas definitivas con tres días de antelación. En realidad, esta normativa reducía el plazo existente que, anteriormente y desde 1999, obligaba a las televisiones a hacer pública esta información once días antes de que se hiciera efectiva. Esta norma de 1999 fue la plasmación de las peticiones de los grupos editoriales que desarrollaban prensa especializada en información televisiva y que necesitaban poder publicar información real sobre qué espacios emitiría cada cadena en cada momento de la semana.

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Pero, como decimos, en 2006, las cadenas consiguieron abreviar esos plazos. Éstas arguyeron la necesidad de tener un mayor margen de maniobra para poder hacer emisiones competitivas tal y como sus inversores solicitaban. De esta forma, la regla de los tres días se convirtió en ley. Ello no ha impedido que, en algunas ocasiones, las cadenas no hayan respetado esta normativa y hayan efectuado los cambios en sus parrillas cuando han querido, prefiriendo pagar la multa establecida a perder en su estrategia de emisión.

Algunos casos concretos

Para encontrar casos de contraprogramación, sólo tenemos que mirar a diario nuestra televisión, pues es la regla que predomina en la actualidad, siendo perjudicado todo el sector audiovisual: los espectadores porque pierden la oportunidad de ver un programa de su gusto al estar obligados a elegir; y las cadenas y las productoras porque no tienen la oportunidad de demostrar la calidad de ese producto en el que han estado trabajando durante tanto tiempo.

Estas últimas semanas, hemos vivido bastantes casos de este tipo. La llegada de una nueva temporada y los reajustes de programación siempre tienen este tipo de consecuencias. Con la primavera, hemos empezado un nuevo ciclo de series y programas y hemos visto muchos movimientos en este sentido.

La decisión de Telecinco de estrenar la tercera temporada de ‘La Voz‘ el lunes 23 de marzo provocó la reacción de Antena 3 de mover de día ‘Bajo sospecha’, una de sus series de mayor audiencia. ‘La Voz’ había de enfrentarse con un no demasiado exitoso ‘Casados a primera vista’, así que Antena 3 decidió proteger su reality y enfrentar al programa presentado por Jesús Vázquez contra la serie de Bambú Producciones. Uno de los mayores perjudicados de esta decisión fue ‘El Ministerio del Tiempo‘ que tuvo que enfrentarse a dos rivales demasiado fuertes.

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Un caso todavía más reciente es el de ‘Allí Abajo’ y ‘El Príncipe’. La serie de Antena 3, inspirada en la película ‘Ocho apellidos vascos’ se enfrentó en su estreno a ‘Aquí paz y después gloria’, la serie de Antonio Resines para Telecinco que no había logrado unas audiencias demasiado elevadas. Pues bien, Telecinco contraatacó cambiando su día de emisión, pasándola a los miércoles y enfrentó a la novata comedia de Antena 3 contra uno de sus mayores éxitos del año pasado: la segunda y última temporada de ‘El Príncipe’.

La contraprogramación es la auténtica guerra diaria y presenta muchas vertientes como, por ejemplo, competir con programas similares. Muy recordada fue la confrontación entre Telecinco y Antena 3 por llevar a cabo un reality prácticamente idéntico de saltos desde el trampolín con famosos pero aún más curioso resultó por ejemplo, lo acontecido en la temporada pasada con sus talent de baile.

Todo comenzó cuando Antena 3 anunció, en diciembre de 2013, que había puesto en marcha un concurso de baile. Tan sólo un día después, Telecinco proclamaba, a su vez, que estaba haciendo lo propio. TVE se adelantó a ambos, siendo la primera en estrenar una nueva edición de ‘¡Mira quién baila!’ en enero de 2014. Pues bien, ni la audiencia acompañó al programa de TVE (fue la edición menos vista del espacio, con un promedio del 11,5%), ni al de Antena 3 (‘¡A bailar!’ contó con seis galas, en lugar de las trece previstas). Por su parte, el programa de Telecinco, reconvertido en un espacio de patinaje nunca llegó a estrenarse. Quizá todos estuvieron tan ocupados viendo lo que hacían los rivales, que perdieron la perspectiva de su propio trabajo.

Imagen | Pixabay: Unsplash, Telecinco; Antena 3
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