Las marcas cortejan al ‘Maker Movement’: ¿acabará por triunfar?

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Con la industrialización vivida por medio mundo hace ya muchos años, los consumidores occidentales se acostumbraron a una tipología de productos y bienes de consumo: aquellos que eran producidos en grandes cantidades y a través de procesos industriales que, entre otras cosas, dejaban poco margen para la diferenciación o personalización.

Sin embargo, en los últimos años estamos asistiendo a un auge en la preocupación de los usuarios por la procedencia de los productos que utilizamos cada día. Para muchos ya no vale que estén hechos en cadenas de montaje en países donde las condicionales laborables no son las óptimas, por lo que buscan productos fabricados artesanalmente, por personas normales y corrientes. Esta tendencia ha explotado gracias también a internet y la tecnología, que ha puesto en manos de la población las herramientas necesarias para la producción y la comercialización de productos. El DYI (do it yourself) y Maker Movement son dos claros ejemplos de esta tendencia, que además está teniendo un claro impacto en el día a día de marcas y grandes empresas.

El ‘maker movement’, una extensión del ‘dyi’

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La ética DYI se refiere a la posibilidad de que los usuarios completen tareas –que no tienen por qué ser necesariamente productos– por sus propios medios, sin necesidad de pagar a expertos o trabajadores para que las realicen. Esta filosofía comenzó a expandirse en la década de los 70 con el movimiento punk y afectó de lleno a la industria del monopatín, ya que muchos jóvenes de la época se volvieron auténticos artesanos que construían sus propias tablas e incluso circuitos.

La pasión por lo artesanal une a los entes que forman parte de este movimiento, que en los últimos años se ha visto reforzado con la aparición de otra filosofía: el Maker Movement. Definido como una subcultura de la ética DYI, este movimiento se caracteriza por aprovechar lo que la tecnología actual ofrece –electrónica, robótica o impresión en 3D– para construir productos artesanales, alejados de la producción en masa.

El espíritu ‘maker’ no busca solamente diferenciarse de este tipo de bienes, sino que gracias al poder de internet también permite que personas normales y corrientes –y no grandes organizaciones– puedan convertirse en creadores, vendiendo los productos que ellos mismos han creado y creando su propio negocio.

A medio camino entre lo anárquico y lo sostenible, el ‘maker movement’ encuentra en páginas web como Etsy o Quirky su máxima expresión. Mercadillos en los que los ‘makers’ pueden vender sus productos directamente a los consumidores.

Las marcas y grandes empresas no tardaron en identificar este movimiento y en intentar utilizarlo en su propio beneficio. A continuación explicaremos cómo grandes multinacionales como Levis o Best Buy están intentando aprovecharse –en el buen sentido de la palabra– del ‘maker movement’.

Las marcas y el ‘maker movement’

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Mientras que hace años para la fabricación de determinados productos era necesario poner en marcha procesos industriales, hoy en día eso ya no es necesario en varios casos. La impresión en 3D puede suponer un antes y un después en ese sentido, permitiendo que muchas personas se fabriquen productos en su propia casa.

El caso de Alice Saunders es uno de los más significativos. Sin necesidad de la impresión en 3D, Saunders comenzó a fabricar prendas de forma totalmente artesanal a partir de textiles pertenecientes a la Segunda Guerra Mundial. Tal fue su aceptación entre los defensores del movimiento y de los consumidores, que Levis se puse en contacto con esta chica de 29 años para incluir sus productos en su catálogo.

Otro ejemplo de cómo las marcas se acercan a esta nueva forma de fabricar productos es el de General Electric y Quirky. Quirky es una página web en la que cualquier persona puede enviar su idea para que la comunidad escoja las más interesantes. Los responsables de la web son posteriormente los encargados de coger las ideas más votadas y, ayudándose de sus estudios de producción y fabricación, convertir esos productos en realidades.

La multinacional de la energía General Electric y otras cadenas como Best Buy se dieron cuenta de las oportunidades que presenta esta forma de fabricación y firmaron acuerdos con Quirky. Así, estas empresas participarán en la comercialización de dichos productos, que son normalmente presentados como una alternativa a los producidos en masa, apelando al deseo de los consumidores de tener productos diferentes.

¿Está el ‘maker movement’ hecho para cualquier marca?

Esta es la gran pregunta que muchas empresas y expertos se hacen hoy en día. Son muchas las que se preguntan si podrían utilizar este movimiento en su propio beneficio, pero los expertos afirman que hay que actuar con cautela. “Todo gira en torno al hilo emocional del ‘maker movement’. Aunque un producto de estas características no sea mejor que uno producido en masa, las personas los ven con mejores ojos porque las historias de sus creadores son más personales”, afirma Tom Bernthal, CEO de Kelton.

Sin embargo, Ty Montague, CEO de la consultora co:collective advierte que “si la marca entiende la historia central del maker y la conecta con la suya propia, entonces los acuerdos pueden ser beneficiosos en términos de imagen de marca. Ahora bien, si el consumidor no entiende la conexión, entonces la colaboración puede fracasar“.

¿Serán capaces las marcas de combinar ambas filosofías en su propio beneficio? ¿Puede quitarles mercado (y ser un competidor) este tipo de producción?

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Imagen | Wikimedia y Devianart

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