Las claves de los “shares” en redes sociales: qué se comparte y por qué

Compartir en Redes Sociales

No debería sorprenderte a estas alturas que el famoso algoritmo de Facebook, denominado EdgeRank, asigne un mayor peso específico en sus cálculos a la acción de “Compartir” una publicación que a las de comentar o hacer un “Me Gusta”. Cierto es que las tres suponen una interacción con tus seguidores, y por lo tanto son consideradas como positivas, pero hay que entender por qué el hecho de compartir es el que mayores beneficios reporta.

Nadie a día de hoy es ajeno al concepto de la viralización. Todo el mundo intenta hacer un vídeo viral, una foto viral, un tweet viral. En definitiva, un contenido propio que circule a una velocidad de vértigo por las redes sociales. Pero la decisión de que determinado contenido acabe siendo viral no recae en el creador del contenido, sino en su destinatario.

Los usuarios de las redes sociales deciden qué contenido merece ser viral, llevando a cabo una acción única con tal fin: compartir ese contenido con amigos, seguidores o contactos. Efectivamente, si un contenido te parece realmente relevante por el motivo que sea, vas a querer compartirlo con tu entorno social, y es en ese punto donde se inicia el proceso de viralización de un contenido.

Hacer “Me Gusta” a una publicación, marcar un tweet como “Favorito”, comentar o responder al autor y una larga lista de otras posibles interacciones con ese contenido, no van a tener como resultado la amplificación del alcance de ese contenido con la misma potencia que sí lo haría el hecho de “Compartir” en Facebook o hacer un RT en Twitter. En definitiva: mostrar a todos tus círculos en las redes sociales ese contenido que tan destacable te ha parecido. No sólo te ha gustado, sino que te ha gustado tanto que has decidido hacerlo accesible a todos tus contactos. Por eso es tan relevante para Facebook, entre otros, la acción de “Compartir”.

¿Qué repercusión tiene que alguien comparta nuestro contenido?

Si uno se para a reflexionar qué es exactamente lo que se paga cuando se lleva a cabo una campaña online, llegará fácilmente a la conclusión de que lo que se está comprando no es otra cosa que visibilidad. Cuando alguien coloca un banner en una determinada página web, está “alquilando” esos píxeles que ocupa el banner para que los usuarios de la web le vean. Es por ello que a menudo las tarifas se calculan en base a las impresiones, es decir, las veces que ese mensaje ha sido visto por un usuario.

Redes Sociales

Cuando un contenido en redes sociales es compartido por alguien, el efecto inmediato es un aumento de las impresiones de ese mensaje que estamos lanzando. Como se consiguen más impresiones, automáticamente se incrementa la visibilidad y el alcance, por lo que se consigue un mayor número de impactos a un coste inicial nulo, pues el hecho de compartir es un acto voluntario del usuario al que ofreces el contenido.

En realidad, sin embargo, el coste no es nulo. Existen costes indirectos asociados. Conseguir viralizar un contenido, de modo que se comparta masivamente, no es ni una tarea sencilla ni una ciencia exacta. Para ser capaz de generar ese contenido hay que entender muy bien los intereses de tu público objetivo y adaptar el mensaje al canal empleado: no se comparten los mismos contenidos en Twitter que en Facebook, ni está el mismo público en Facebook que en Linkedin.

¿Por qué comparte contenido la gente?

Entrar en el ámbito de los porqué de una reacción humana como la de compartir supone adentrarse en el siempre complejo mundo de la psicología y la neurociencia. No es sencillo entender los motivos exactos que empujan a alguien a compartir un determinado contenido, pero una multitud de instituciones públicas y privadas han intentado analizar patrones mediante estudios de diversa complejidad.

La gente comparte contenidos para aportar valor a sus redes y entretener, posicionarse sobre determinadas maneras de pensar, para mostrar a sus allegados sus gustos, para establecer vínculos emocionales con su entorno mediante mensajes con carga emotiva importante o simplemente por una cuestión de autorrealización personal. En realidad, es la propia dificultad de descifrar con exactitud el porqué la que desemboca en la incapacidad para definir de manera precisa el cómo.

¿Cómo crear contenido que la gente comparta?

Aunque como se ha mencionado anteriormente no existe una serie de ingredientes que llevan inequívocamente a la generación de un contenido compartible, sí que se han realizado multitud de estudios intentando descubrir los elementos coincidentes en todos aquellos contenidos que han logrado viralizar.

De todos ellos se desprenden diversos consejos comunes que vale la pena tener en consideración, como la creciente importancia de incorporar elementos multimedia (fotos, vídeos, gráficos, infografías…) que mejoren el aspecto visual del contenido y aporten una información adicional complementaria al texto plano. No es ningún secreto que los tuits con imágenes, por ejemplo, reciben un 150% más de retuits que los que solo incorporan texto. El nivel de engagement de este tipo de contenido va en claro aumento año tras año.

Tampoco hay que obviar la importancia del titular y las primeras frases del texto. La tendencia a compartir contenido únicamente en base al titular y esas primeras frases va en aumento, pues con el incremento del volumen de contenido en circulación por las redes sociales, la gente cada vez lee menos en profundidad y es más proclive a compartir contenido en base a la primera impresión generada.

Algo que parece cada vez más evidente es que el tiempo que tenemos para impresionar a nuestros contactos en las redes sociales se reduce a pasos agigantados, por lo que una buena primera impresión es fundamental para ser considerado como relevante para poder ser compartido.

Imágenes | Pixabay

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