Las bebidas azucaradas en el ojo del huracán: ¿cómo afectará a la publicidad?

cola

San Francisco será la primera ciudad de Estados Unidos en obligar a indicar que toda la publicidad de bebidas azucaradas es peligrosa. Se trata del último capítulo, quizás el más importante en el país de los principales productores, de una guerra silenciosa contra un hábito de consumo que, sólo en países como el Reino Unido, tiene un coste sanitario de 6.800 millones de euros al año.

El mundo de la nutrición y algunos gobiernos empiezan a exigir a los refrescos el mismo tratamiento que al tabaco o al alcohol, con un impuesto especial que frene el consumo, así como los graves problemas de salud que generan en la población, en su caso, el de la obesidad. ¿Cómo afectará a la publicidad? ¿Y a los envases?

¿Por qué las bebidas azucaradas están en el punto de mira?

El pasado mes de mayo se celebró en Praga el XXII Congreso Europeo de Obesidad y las previsiones de los expertos no fueron nada esperanzadoras. Por el contrario, fueron bastante alarmantes, especialmente para España: aunque la tasa de obesidad y sobrepeso crecerá en toda Europa, España será de los países más afectados. En la actualidad, un 19% de la población es obesa y en 2030 podría aumentar hasta el 30%, si no se toman medidas, claro.

El alto consumo de bebidas azucaradas es una de las principales causas propiciatorias de los altos índices de obesidad en Estados Unidos en particular, y en el mundo desarrollado en general. Y es que, aunque consumidas por la mayoría de la población mundial, son investigadas con lupa. Las bebidas azucaradas son la diana de un sinfín de investigaciones que tratan de desentrañar todos sus posibles efectos.

Así por ejemplo el profesor de Salud Pública en la Universidad de Liverpool, Simon Capewell, en una carta publicada en la revista British Medical Journal (BMJ), decía que “en un estudio europeo, los adultos que consumían más de una lata de alguna bebida azucarada al día, tenían un riesgo 22% mayor de desarrollar diabetes que quienes ingerían menos de un bote [en el transcurso de un mes]”. Teniendo en cuenta que “el riesgo absoluto de esta enfermedad es alto, este incremento es importante”.

La OMS da el (primer) paso pero no es el único

La primera bomba importante la emitió la propia Organización Mundial de la Salud este año con una nueva guía de recomendaciones. En su primer borrador, la OMS quería limitar el consumo a 25 gramos, algo que habría provocado la ira de un sector, el de los fabricantes de refrescos, que en 2013 facturó (también con bebidas sin azúcar, ojo) 470.000 millones de euros. Y que en 2014 se estimaba que hubiesen producido unos 65 litros por cada habitante del planeta.

Al final, la OMS ha dejado la cantidad de 25 gramos (el 5% del total, o la cuarta parte de lo que veíamos hasta ahora) únicamente como un “produce beneficios para la salud”. Pero los avisos publicitarios son básicos, o al menos lo van a ser próximamente.

En San Francisco, una nueva normativa propuesta pondría a nivel publicitario al mismo nivel una lata de refresco que una cajetilla de tabaco en lo que respecta a la publicidad. Y el resto de California acaba de rechazar por segundo año consecutivo una ley en la que se impusieran las mismas restricciones al sector en todo el Estado.

No son los únicos intentos. El Estado de Nueva York propuso la reducción del tamaño de los envases. Y países como Francia y México, entre otros, ya imponen una tasa a estas bebidas para frenar su consumo entre adolescentes y niños, los más vulnerables a los cantos seductores del azúcar.

Como comentamos, el aviso en el propio packaging viene acompañado con un intento de reducir el tamaño máximo de las bebidas azucaradas. Ahora bien, ¿reducir el envase de la bebida azucarada solucionaría algo? Hay expertos que consideran que “prohibir y limitar en algunos casos es necesario y hasta útil, pero prohibir sin meditar bien la medida y acompañarla de otras actuaciones preventivas no cambia nada“. Y apuntan que quizás “fuera más eficaz una campaña de educación sobre nutrición que simplemente reducir el tamaño de los envases”.

Presiones y campañas, de un lado y de otro

Se sabe que la industria azucarera presiona desde hace décadas, entre el patrocinio de investigaciones propias favorables, una fuerte inversión publicitaria y grupos de influencia política, para evitar la conclusión lógica a este conflicto: una etiqueta en cada lata que advirtiese de los peligros del consumo sin moderación de azúcar. Y que el público pudiese decidir con la información disponible.

Ha habido campañas, sin embargo, que tratan de contrarrestar toda esta “ola favorable”. Desde febrero de 2010 encontramos la famosa campaña Let’s Move’ (A moverse), liderada por la Primera Dama de EE.UU, Michelle Obama, y que estaba destinada a mejorar la salud y combatir la obesidad infantil.

Hay otros casos, pero este es llamativo. Basada en un antiguo ‘jingle’ de Coca-Cola, una institución modificó la canción para exponer casos de personas con diabetes y obesidad potenciados por el consumo de bebidas azucaradas.

Sin embargo, no solo la educación puede ser suficiente. Los hay que exigen una regulación, similar a la que ya se ha impuesto al alcohol y al tabaco. Por un lado, se podría interpretar como un afán recaudatorio. Por otro lado, hay quien lo considera una vía para frenar el consumo. Así lo considera el presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad, Felipe Casanueva: “gravar las bebidas azucaradas sí reduce el consumo. Lo hemos visto con el tabaco”.

Este endocrino defiende que las medidas fiscales para prevenir el consumo de refrescos y tabaco son equiparables porque no son productos fundamentales para las familias y no privan de la libertad de elección a los consumidores. “Por gravar unos céntimos no se priva a la gente del producto, pero sí se reduce bastante el consumo”, algo que en España aún sigue en el aire. ¿En qué acabará todo esto?

Imagen | scanrail
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Un comentario

  1. Tendrán que buscar otras formas de promocionarse, al igual que han hecho las marcas de tabaco y alcohol.

   

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