¿Qué es y cómo funciona el hate-watching? DicZionario

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Esta parece la ecuación normal: serie de televisión + espectador = disfrute satisfactorio. Pero, los tiempos modernos, en los que la relación de las personas con los mass media ha evolucionado y derivado en tantas ramificaciones distintas, nos ofrecen un nuevo término muy interesante: el hate-watching.

La aparición del mismo supone la plasmación de una práctica que, en principio, parece difícil de entender: ver un programa o una serie de televisión a pesar de detestarlo, o, precisamente, porque lo detestamos. De dónde viene este fenómeno y cuáles son los motivos de millones de espectadores que lo llevan a la práctica es el objeto de estudio del artículo de hoy.

Definición de hate-watching

Hate-watching se refiere a una forma de consumir televisión en la que el espectador ve un contenido televisivo que, realmente, no le gusta nada en absoluto. Le parece aburrido, amoral, poco inteligente, morboso… las razones que puede argumentar la persona son de mil tipos, pero sólo hay un camino común: el odio hacia lo que está viendo en pantalla. Por supuesto, una persona que se acerca a la televisión, lo hace para conseguir una experiencia satisfactoria, también en el hate-watching. Si no puede ser positiva, tendremos que girar hacia lo negativo.

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El disfrute de esta forma de consumo viene dada por la complacencia que se obtiene criticando los aspectos que conforman el producto: qué mal actúa este actor, qué poco sentido tiene este giro, qué aburrida resulta esta trama… El hate-watching tiene mucho que ver con la cultura del troll que vivimos de manera tan exacerbada en la actualidad. La satisfacción se produce al encontrar pegas y defectos en una obra, en algo en lo que también influye cierta superioridad moral o intelectual que se arroga una parte del público.

Por supuesto, todo esto nos lleva a la audiencia social, a la doble pantalla, a aquellos que ven televisión mientras comentan en Internet cada una de sus impresiones. En los foros de Facebook y Twitter, ante las emisiones de ciertos contenidos, se producen aluviones de observaciones que, claro está, no son siempre positivas. Por el contrario, en muchas ocasiones, el hate-watching provoca un efecto explosivo que anima a más interlocutores a mostrar su ingenio en criticar un espacio y a retroalimentar las opiniones de quienes piensan como ellos.

Y es que las afirmaciones de los demás nos influyen y mucho, sobre todo, las de aquellos que pueden terciar en nuestra reputación en las redes sociales. Hay otra razón para practicar hate-watching: el deseo de pertenecer a un medio, de no salirse de la norma. En la actualidad, existen un número X de ficciones que todo el que se considera seriéfilo de pro sigue con asiduidad. En algunas ocasiones, encontramos espectadores que no ven una serie porque les guste, sino porque la siguen muchas personas de su entorno. El interés por conocer y poder comentar todas las tendencias no es algo que habite exclusivamente de la televisión, sino que lo encontramos en otras actividades sociales, como la música, la moda…

Aún así, y después de estar razones, muchos de vosotros, tal vez seguís sin comprender cómo es posible que alguien pierda parte de su preciado y limitado tiempo en ver una serie que, realmente, no le interesa. Puede que, en el fondo, lo haga porque sí que le guste, aunque le cueste reconocerlo. Aquí entramos en los límites de otro concepto muy interesante: el guilty pleasure. Este término hace relación a una idea parecida pero, en realidad, muy distinta: se refiere al espectador de un producto que sabe que está consumiendo algo de baja calidad pero que, aún así, le gusta. No puede evitar ser fan de esa serie o programa, aunque también practique hate-watching, y critique hasta el último detalle de las apariciones de un personaje.

Algunos ejemplos

Averiguar el origen del término no es sencillo, pero muchos aseguran que su gran popularización llegó en 2012, a partir del artículo de Emily Nussbaum en The New Yorker, en el que hacía una crítica televisiva sobre la serie ‘Smash‘. En él, enumeraba todas las cosas que no le gustaban del producto, con tal ardor, que ella misma reflexionaba sobre porqué seguía viendo una serie que le disgustaba tanto. Uno de los problemas de ‘Smash’ era la dignidad con la que había sido presentada: como una gran serie que engancharía al público. Las expectativas, el hype, otro interesante concepto, estaban por las nubes, la serie no pudo cumplir con ellas y, por eso, resultaba más “divertido” para el público que la criticaba el poder hacerlo.

Cuentan que 2012 fue un año con varios ejemplos más de series que nacieron con alto concepto que después no fueron capaces de refrendar, decepcionando a muchos seguidores, que las veían, tal vez, simplemente para poder seguir criticando los problemas de una ficción que supuestamente había de tener tanta calidad. ‘The Newsroom‘ o ‘The Killing’ pertenecerían a esta categoría. Por supuesto, para que el hate-watching funcione como es debido, también es necesario que las producciones tengan fans acérrimos. Entes contra los cuales el hate-watching tenga sentido, y alimenten el fuego de miles de discusiones en redes sociales.

El hate-watching atiende a muchas versiones distintas. Hay otra que afecta a grandes series, ficciones que, en su momento, lo fueron todo para una gran parte del público que las idolatraba. El paso del tiempo, el desgaste, tal vez provoque una bajada en la calidad de la serie: la repetición de esquemas, la falta de objetivos en la trama, la entrada de nuevos personajes que no encajan… El espectador es más exigente con esta serie que con muchas otras, le pide un extra de emoción, porque sabe que, en otro momento, sí ha sido capaz de colmar todas sus expectativas, pero, actualmente, la serie no puede dárselo… Así comienzan muchas relaciones de odio de fans con las antiguas series que antes les fascinaban.

En su momento, ‘Lost‘ sufrió el hate-watching de todos aquellos a los que no gustaban los nuevos acontecimientos en la isla. También la serie ‘Cómo conocí a vuestra madre’ fue decayendo en interés con el paso de las temporadas. En ocasiones, esto sucede porque la producción, como producto de mercado que es, se intenta rentabilizar al máximo, alargándola en el tiempo mientras que la audiencia responda, aunque tal vez la trama ya no dé más de sí. ‘The Walking Dead‘, una serie que es todo un acontecimiento social en cada uno de sus capítulos, tiene millones de seguidores, pero también un buen número de espectadores que practican el hate-watching con cada uno de sus episodios. Incluso una gran veterana como ‘Los Simpson’, que ya está preparando su temporada número 27, es víctima de este fenómeno. Muchos acusan a la serie de haber bajado la calidad de sus capítulos, de haberse distanciado de la serie fresca y brillante que era un principio.

El último ejemplo que vamos a señalar sobre el hate-watching es el que se refiere a los programas de televisión que cierta parte del público acusa de ser morbosos. Los espacios de telerrealidad son un gran ejemplo, pues programas como ‘Gran Hermano’ consiguen espectaculares datos en su presencia en Internet, aunque haya usuarios que los estén criticando. En la actualidad, en la que las redes sociales son el altavoz de cualquiera que tenga un teclado en sus manos, los espacios de debate político, que levantan polémica, las tertulias deportivas o las de la prensa rosa, son muestras de un hate-watching en el que la crítica, al fin y al cabo, da visibilidad.

Imagen | NBC, AMC
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2 comentarios

  1. El fenómeno del hate-watching está cada vez más presente en nuestra sociedad

  2. Pingback: “Hate watching”: Cuando la crítica es deporte colectivo | Marc Martí

   

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