Festivales, cultura y negocio: siete razones por las que es un mercado en buena forma

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¿Nos vamos de festival? Tenemos de muchos tipos y podemos elegir el que más nos acomode: festivales de música veraniegos, ideales para luchar contra las altas temperaturas; pero también los de cine, cargados de estrellas; o incluso los de teatro, para respirar cultura por los cuatro costados.

Una parte muy importante de nuestro ocio se destina a los festivales de toda índole. Son grandes eventos a los que el público se acerca como una fiesta interminable en la que todo es diversión. Se calcula que, durante 2015, dos millones y medio de personas acudieron a un festival (en este caso de música) en España. Por ello, las marcas no dejan de buscar su complicidad. Estudiemos siete razones por los que son un gran aliado del marketing.

1.Apuesta por la cultura

Su razón de ser, su causa fundamental y por lo que la imagen de los festivales es altamente positiva es porque es una apuesta real y concreta por manifestaciones culturales. La música, el cine, la danza… no sólo han acompañado al hombre a lo largo de la historia, sino que le han hecho crecer como individuo. Su supervivencia en el tiempo a pesar de la evolución del ocio nos hace encontrarnos con una parte muy íntima de nosotros mismos.

Uno de los festivales más importantes de nuestro país es el Festival de Teatro de Almagro, que se ha celebrado del 7 al 31 de julio. Un maravilloso escenario para dar a conocer obras clásicas, obras contemporáneas y rarezas y curiosidades de las que aguijonean el alma. Alrededor de 60.000 personas acuden a un festival que ha sabido modernizarse con los nuevos tiempos y presta mucha atención también a Internet, con gran presencia en redes sociales e incluso una iniciativa multimedia como es el Certamen Internacional de Videocreación Dulcinea.

2. Promoción para las marcas

Los festivales son una ocasión de oro para las marcas que los promocionan o incluso los ponen en marcha, porque se trata de una forma de acercarse al público nada invasiva. Al contrario, la marca se convierte en un referente de ocio, de diversión… Se le atribuyen las mismas cualidades que tiene el festival y éstas pasan por ser 100% positivas. El ambiente festivo ayuda a que la interacción entre marca y usuario se dé de una forma fluida.

Los festivales de música suelen estar patrocinados por marcas de bebidas. Una de las empresas que más ha sabido apostar por este tipo de eventos es Heineken, con un compromiso que la cervecera describe en su web como un apoyo incondicional a la música. Desde el Primavera Sound (que el año pasado fue el cuarto festival más concurrido de nuestro país) al Bilbao BBK Live (sexto en el ranking), pasando por Heineken Jazzaldia o el Festival de les Arts.

3. Conectando con los millennials…

¿Quién ese grupo de población al que todos quieren llegar? Son jóvenes, apuestan por la tecnología, pero también por la diversión y los festivales. Un festival es más que un concierto, es un gran evento en el que miles de personas se dan cita con un único propósito: disfrutar a tope. La concentración de grandes bolsas del target más deseado hacen de los festivales un punto álgido para conectar directamente con ellos, sin intermediarios, y a través de una oferta que les conquiste.

El Arenal Sound fue el festival de música más visitado de nuestro país durante 2015, con 260.000 personas en seis días de música y diversión. La capacidad de convocatoria de estos macro eventos los sitúa entre las ofertas de ocio con las que poder llegar a los millennial con mayor efectividad. En su web no duda en ofertar numerosas promociones para los chicos que acudirán esos días, como un Kit Ahorro en bebida o el Sounderbus.

4….Y con todos los públicos

Nuestra sociedad globalizada nos ha traído importantes novedades para el mundo de la cultura. Existe un gran volumen de diversificación y variedad en la oferta de ocio. No sólo los más jóvenes están invitados a disfrutar de todo lo que un festival ofrece. Hay eventos de todo tipo, para contentar todos los gustos y querencias y ser capaz de conectar con el público más dispar.

Tenemos el Festival de queso rodante en Reino Unido, el de guitarra al aire de Finlandia, la carrera del Pudín de Yorkshire, la Fiesta del barro en Corea del Sur, el congreso anual de Papá Noel en Dinamarca… Las grandes concentraciones de personas, no sólo de todas las edades, sino con afinidades de lo más heterogéneo, suponen una oportunidad única.

5. Rostros famosos para los festivales

Uno de los grandes atractivos que consiguen que se hable de los festivales en todo el mundo es la gran cantidad de estrellas que son capaces de congregar. Estas socialités le dan carisma y le colocan en un punto de importancia y trascendencia que va más allá de cualquier otra cualidad.

Tenemos festivales de música con artistas cotizadísimos y festivales de cine como el de Cannes, una auténtica reunión de rostros de Hollywood. O el Festival de Cine de San Sebastián en nuestro país que, aunque se celebra en otoño, protagoniza informaciones durante todo el año. Para este tipo de eventos, resulta clave el número de rostros conocidos que reúnen pues, muchas veces, incluso de forma injusta, su presencia parece proporcional a la calidad del evento.

6. Visibilidad para la ciudad

Todos los factores que trabajan en favor de la puesta en marcha de los festivales pueden conseguir importantes repercusiones. Así, la ciudad escenario del evento sufre un fuerte empujón. La ciudad se abre al mundo, se habla de ella, relacionándola con una actividad tan positiva como es la cultura.

Y no sólo la ciudad se identifica con los valores artísticos de los festivales, sino que hay un auténtico impacto económico que supone una oleada de crecimiento para sectores tan fundamentales como la hostelería, el comercio, el transporte… Todo parece revolucionarse durante unos días. El impacto económico del último Festival de Málaga se calculó en 1,3 millones de euros. La misma cifra tenemos respecto a Girona durante el año pasado, que se presenta, en 2016, como Ciudad de Festivales.

7. Viviendo en Internet

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Por último, no escaparemos de esa realidad que ha cambiado las vidas de todos. Internet y las redes sociales crean una comunidad de apoyo hacia un evento que, trabajada desde la propia institución, repercutirá en enormes beneficios. El festival dura unos días, pero su promoción en Internet es permanente. Es la red la que se encargará de informar y de calentar motores de cara al evento.

Y después, claro, está la gente. Todas esas personas que comentan y comparten, que suben sus fotos y cuentan sus experiencias. Porque el festival es un enclave único y porque nos gusta compartir momentos vitales en las redes sociales. El Arenal Sound es uno de los festivales que más repercusión tiene en Facebook. Sus publicaciones son noticias sobre el festival, vídeos de los participantes, pero también promociones y ofertas como las que las startup saben ofrecer en estas lides. Las redes sociales son un revulsivo para nuestra participación en cualquier evento y los festivales también saben aprovecharse de ello. El Festival de Luz y Vanguardias en Salamanca, por ejemplo, convocó un concurso a través de Instagram y Twitter en el que participaron casi 2.000 fotografías.

Los festivales son eventos deseados y cotizados. Sus connotaciones, culturales y festivas, extraordinarias y alegres, ofrecen un gran impulso económico a las marcas que apuestan por ellos y que saben acercarse al target deseado, por supuesto.

Imagen | Facebook, Pixabay

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Un comentario

  1. La salud de los festivales españoles parece muy buena. Lo que quiere decir que la cultura está de enhorabuena

   

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