El Slow-comm: ¿preparados para decir la verdad?

Internet y las nuevas tecnologías han tenido un impacto importante en la vida tanto de las personas como de las empresas. Aunque resulta imposible negar que dicho impacto ha sido principalmente positivo, existen una serie de connotaciones que han modificado el comportamiento de marcas y usuarios de una manera no deseada.

Con el auge de Internet dos valores como la inmediatez y la rapidez han ganado un protagonismo importantísimo a todos los niveles. Uno de esos niveles es la forma en la que empresas comunican sus valores y se presentan ante sus actuales y potenciales clientes. Una nueva filosofía, denominada ‘Slow-comm’, pretende cambiar estos aspectos.

En el año 2009 el prestigioso Wall Street Journal publicó un artículo que definía esta corriente de comunicación y comportamiento. John Freeman afirmaba por entonces que aspectos como la rapidez, el mundo físico y el contexto son aspectos clave en la estrategia de comunicación de muchas empresas.

Pero a diferencia de lo que se podría interpretar a partir de dichos pilares, Freeman apostó por una estrategia de marketing y comunicación pausada, que tuviese en cuenta los diferentes aspectos mencionados anteriormente para favorecer tanto el funcionamiento interno de las empresas como el de los usuarios y consumidores de productos y servicios.

Las consecuencias poco deseadas de lo rápido

Un nuevo informe publicado recientemente por Diego Rivera, Director de Estrategia y Creatividad en Best Relations, ha vuelto a poner de relieve esta corriente de pensamiento que afecta al carácter corporativo de las compañías y también a sus estrategias de marketing y comunicación.

Dice Rivera que el movimiento fast se sostiene en un principio, el de la velocidad. “Ser rápido es positivo. Ser multitarea es un deber”, afirma. Estos aspectos definen en parte la sociedad en la que vivimos, una en la que el impacto de Internet se ha visto traducido en esta clase de valores.

La información es hoy en día más ‘en tiempo real’ que nunca. En un mundo en el que noticias de hace unas horas o días parecen prehistóricas, Twitter ha puesto encima de la mesa la importancia de la inmediatez. Cada vez somos personas más ‘multitarea’: vemos la televisión y otros medios mientras utilizamos las redes sociales como segunda pantalla, estamos en todo momento ‘online’ gracias a los smartphones y la expansión de la conectividad móvil, etc.

Los dos principales problemas de este tipo de comportamiento son la sostenibilidad y la infoxificación. En el primer caso nos referimos al hecho de que en la esfera ‘fast’ no hay tiempo para pensar en procesos, sólo en resultados. El segundo término hace referencia a la contaminación provocada por un exceso de información, una adicción consentida de la que las personas somos los únicos responsables. Como afirma Rivera en el informe, “cuestionar este tipo de cultura no implica estar en contra de la tecnología ni dejar de ser eficiente”

‘Slow-comm’: honestidad y emoción

Es a partir del análisis de este tipo de cuestiones cuando aparece el movimiento ‘slow’, expandiéndose su impacto también a los ámbitos de la comunicación empresarial y corporativa. Define Diego Rivera la comunicación slow como “aquella que está al servicio de los valores reales y que afecta al carácter corporativo de las compañías, a su visión y misión empresarial”.

Los aspectos mencionados anteriormente han hecho que la comunicación a todos los niveles, incluida la empresarial, se haya convertido en efímera y sufra de una falta de permanencia. Es por ello que los departamentos de marketing y las compañías en su conjunto deberían apostar por una estrategia diferente que girase sobre una serie de valores entre los que destacan dos: la verdad y la emoción.

Los consumidores y usuarios tienen hoy en día una cantidad de información a su alcance inimaginable hace un par de décadas. Esto provoca que las empresas que apuesten por no comunicar aspectos veraces y sin medias tintas pueden verse abocadas a una pérdida de importancia relativa o incluso a crisis en medios sociales.

En el caso de la emoción afirma Rivera que “emocionar es recordar” y que por lo tanto las empresas deben apostar por estrategias de comunicación que afecten positivamente a los sentimientos de sus consumidores. Un aspecto que, dicho sea de paso, ha sido uno de las principales claves del marketing desarrollado por Apple en los últimos años y que tantos éxitos le ha proporcionado.

“Las compañías tienen que demostrar que su rostro social es real, tangible y no un añadido”. Las que no sean capaces de responder ante estas necesidades pasarán apuros y quedarán rezagadas frente a la competencia. Porque, en ocasiones, la rapidez y la inmediatez no lo es todo. Así es la ‘slow-comm’. ¿Creéis que este tipo de filosofía terminará por imponerse en el mundo de la comunicación?

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2 comentarios

  1. Hola! Quería daros las gracias por haceros eco del white paper sobre comunicación slow y por resumirlo con un titular tan contundente. Saludos 🙂

  2. Me encanta el término infoxificación, en mi caso cada vez me doy más cuenta que no solo en publicidad sino que las noticias por culpa de esto cobran cada vez menor relevancia por lo efímeras que son…

   

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