El síndrome FOMO: la obsesión de estar “on” para no quedarte “off”

Estás tranquilo en casa día cualquiera por la tarde, disfrutando de una película, un libro, una conversación, feliz de poder disfrutar de tus cosas. Te conectas a Facebook y ves que dos amigos tuyos están cenando en un restaurante exclusivo o que otro acude a una fiesta a la que no te han invitado. Tu momento feliz se enturbia al verlo y te surge la sensación de que tu vida es mucho menos interesante que la de tus contactos. Además, tienes la sensación de estar perdiéndote algo.

Las redes solo transmiten por lo general esos momentos buenos que hacen que el individuo comience a agobiarse, producto de la envidia y el sentimiento de exclusión. Esa sensación ya tiene nombre. Se denomina FOMO, el acrónimo de Fear of Missing Out. Analizamos esta tendencia, cómo afecta al usuario y cómo las marcas lo están aprovechando en su beneficio.

FOMO, ¿un síndrome del pasado?

Alberto Knapp Bjeren, CEO en The Cocktail, lo tiene claro: “FOMO es un miedo social que siempre ha existido: la exclusión, el saber que tus colegas van a algo o tienen algo mejor que tú. Pero gracias a los smartphones y a la ubicuidad e instantaneidad de las redes sociales, ese miedo se ha convertido en un acompañante habitual”. El contexto ya lo habría determinado Abraham Maslow y otros estudiosos, que sugirieron que la necesidad de pertenencia es una motivación humana fundamental.

En este sentido, ser miembro de un grupo es importante también para la identidad social, que es un componente clave de la autoestima. Es por ello por lo que las redes sociales, entre ellas Facebook, juegan un papel fundamental, pues la base de la misma está en las relaciones entre individuos. Surge así el conocido síndrome FOMO, quizás no tratado, por lo general, con la seriedad que se debiera, tal y como hacen en este programa.

Por tanto, ¿qué es todo esto? ¿Envidia? Los psicólogos lo tienen claro: “en parte sí, pero muchas veces tiene que ver más con un sentimiento de inseguridad y baja autoestima”. Si nos comparamos continuamente, algo fácil de hacer con redes como Facebook y LinkedIn, donde todo se expone, “es muy fácil que veamos lo bueno de los demás y lo malo nuestro. La persona que es autoexigente también entra en ese juego porque siente que no puede ser menos que los demás, tiene que estar al día”.

¿Cómo lo pueden aprovechar las marcas?

Nunca antes habíamos sabido tanto de las marcas que consumimos. Ni nunca antes habíamos interactuado tanto con ellas. Cada día que amanece, son muchas las personas que están esperando saber qué va a contar nuevo nuestra marca favorita. De ahí, el tan recurrente concepto de “marketing de contenidos”, que resurge con fuerza en la actualidad.

Pero no nos desviemos. Volviendo a las redes sociales, tengamos claro que el FOMO no solo está en relación con el mundo del social media, pues resulta revelador descubrir en qué otros campos se utiliza el mismo término, como en comercio, donde el FOMO es aquel sentimiento que mueve a cerrar determinados tratos no tanto por convencimiento de que el negocio vaya a resultar rentable como por miedo a dejar pasar una buena oportunidad que quizá no se vaya a volver a presentar en el futuro.

Este punto está íntimamente relacionado con la publicidad, pues, como revela el periodista Héctor G. Barnés ésta “escupe constantemente mensajes que nos avisan del peligro que corremos si faltamos a nuestra cita con determinada película, espectáculo o evento”. De ahí, la importancia que recobra el archifamoso “no te lo pierdas”, a veces transformado en un aún más amenazante “no te atrevas a perdértelo”. ¿De qué hablarás entonces con tus amigos, qué pensarán de ti tus compañeros?

En este sentido, se produce un efecto que las marcas pueden aprovechar: la dependencia cada vez más fuerte a Internet, sobre todo con el “boom” de los dispositivos móviles. Ahora nadie sale a la calle sin antes consultar sus conversaciones en Whatsapp, o ver sus notificaciones en Facebook, de una manera casi compulsiva. ¿Significa eso que ahora el usuario está más expuesto a publicidad con respecto al pasado?

En cualquier caso, se produce, por tanto, un doble fenómeno: el síndrome FOMO fortalece las conexiones con otros, animando a las personas a ser socialmente más activos, entrando en contacto con amigos y planificando actividades. Las marcas pueden por tanto amplificar sus mensajes y tener usuarios más implicados. Por otro lado, produce una distorsión cognitiva, que lleva a crear pensamientos irracionales, dando posibilidad a emitir mensajes mucho más emotivos y con una base menos racional. Y es que, ¿quién dijo que fuese fácil sobrevivir en las redes sociales?

Imagen | Andarapuebla.com
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Un comentario

  1. Buenas
    Teng? que reconocer ?u?e hasta ?hora no me molab?
    mu?ho este?itio, ?ero con los ultimos posts estoy siguiendolo regula?mente
    y me esta gustando mas.
    Buen trabajo!

   

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