El ‘síndrome del segundo producto’: ¿y ahora qué?

steve jobs

Cuando el emprendedor ya ha lanzado su primer producto, y ha sido todo un éxito, se puede decir que ha cumplido su sueño tras años y años dedicados a darle vueltas a esa idea que tenía en la cabeza y cuyos detalles tenía más que estudiados. Sin embargo, no todo acaba aquí.

Para mantenerse es el momento de sacar un segundo producto. Y, sin embargo, es posible fracasar y no se tiene por qué obtener un éxito similar al lanzamiento del primero. Éste es el síndrome del segundo producto, que grandes como Steve Jobs llegaron a sufrir. Hacemos especial hincapié en start-ups, empresas tecnológicas que están floreciendo en la actualidad.

Steve Jobs ya lo identificó

En la biografía de Steve Jobs, él mismo describe el llamado “Síndrome del segundo producto”, en un capítulo en el que se habla de los inicios de Apple y Pixar, las dos empresas fundadas por Jobs con más éxito. De hecho el capítulo relata lo siguiente:

Más importante aún que vencer a Hormigaz —por excitante que hubiese resultado aquella liza— fue demostrar que Pixar no era un fenómeno de un solo éxito. Bichos recaudó tanto como Toy Story, lo que demostraba que el éxito de la primera película no había sido casualidad. «Hay una afección común en el mundo de los negocios, conocida como el síndrome del segundo producto», comentó Jobs posteriormente. Está provocado por el hecho de no comprender qué es lo que llevó a tu primer producto a tener éxito. «Yo pasé por aquello en Apple. Tenía la sensación de que si lográbamos acabar nuestra segunda película, habríamos conseguido superarlo».

La clave, por simple que parezca, está en “saber dar en el clavo”. Se trata, por tanto, de las dificultades reales que existen para que el empresario acierte con la clave del éxito de su primera venta, el por qué han salido las cosas bien y cómo mantener el listón alto para poder continuar por la senda que conduzca a los beneficios.

Hay quien lo ha comparado con el dicho popular de “las segundas partes nunca fueron buenas”, tan aplicado en el sector del cine con las segundas versiones de películas de éxito. Es en el cine cuando el director, productor, guionista, entre otros, no son capaces de dar con aquello que enganchó de verdad a los espectadores en la primera parte. Es, en definitiva, cuando llegan las malas críticas y el disgusto del público, y con ellos, el fracaso de un proyecto que se esperaba fuera un éxito como el primero. Por tanto, como vemos este síndrome no es algo actual. Sin embargo, con la proliferación de emprendedores y start-ups comienza a florecer nuevos casos.

Start-ups: ¿las más afectadas en la actualidad?

Sabemos que una start-up es, por lo general, un negocio con una historia de funcionamiento limitado, que se distingue por su perfil de riesgo / recompensa y sus grandes posibilidades de crecimiento (escalabilidad). Generalmente son empresas asociadas a la innovación, que comienzan como una idea de negocio creativo, paso inmediato es agregar diferenciación a dicha idea a través de la innovación, para finalmente emprender el negocio.

El emprendedor e inversor Marek Fodor propone los siguientes criterios para definir que una Start-up ha dejado de serlo: cuando la empresa ha alcanzado jornada completa, la mayoría de personas en la empresa no trabaja más de 8,5 horas diarias, cuando la fuente principal de inspiración ya son las ideas lanzadas por la competencia, si los fundadores ya tienen despachos separados del resto del equipo y la empresa tiene más de 2 años de vida.

Con esta definición de Fodor, una start-up por lo general, no debe sufrir el ‘síndrome del segundo producto’, pues desaparece en el mismo momento en el que la compañía se asienta. Sin embargo, esas empresas que sí se conforman tras el éxito del primer producto, sí que lo sufren, sobre todo sus creadores. Por tanto, hacer un “segundo producto” supone no más que empezar de cero, aprendiendo de los éxitos/fracasos del primero. Pero ¿la clave está en hacer un plan de negocio?

El plan de negocio no es la solución

Por lo que se ve, no. Así lo atestigua un estudio de la prestigiosa escuela de negocios Harvard Business School, que nos indica que más del un 75% del total de start-up fracasan a pesar de tener un buen plan de negocio. De hecho, el citado estudio concluía, tras estudiar más de 100 planes de negocio, en lo siguiente:

  • Los Planes de negocio difícilmente sobreviven a un primer contacto con los clientes.
  • Un Plan de negocios a 3 o 5 años es ciencia ficción, en un escenario económico tan cambiante.
  • Las grandes compañías no utilizan planes de negocio, se basan en adaptarse al entorno cambiante y aprenden de los fallos en los nuevos productos y servicios, de una manera iterativa con los clientes.

La solución, por tanto, está en el aprendizaje continuo y en saber identificar a tiempo los síntomas del síndrome para poder remediarlo. Ben Horowitz, investigador y hombre de negocios, identifica algunos de estos síntomas:

  • La compañía asume que el primer producto tendrá éxito y pasa más tiempo tratando de descifrar los modelos de negocio y estrategias de monetización que realmente en el desarrollo de la idea principal del producto.
  • La empresa se obsesiona con las cosas que salieron mal en su último lanzamiento y se centra por completo en la forma de librar a la nueva compañía de estos errores. Por tanto, ignoran lo que salió bien y se centran en lo que salió mal.
  • La compañía, “ebria del éxito”, pasa por alto detalles importantes asumiendo que lo que funcionó la primera vez automáticamente va a funcionar en la segunda.

Un claro ejemplo de fracaso lo vivió Jeff Ready, CEO de la empresa Volt Capital. Ready había planeado para ella aprovechar algunas de las tecnologías de procesamiento de lenguaje natural de su compañía Corvigo, un servicio anti-spam de éxito que acababa de fundar y que funcionaba. Volt Capital, su segundo producto, fue diseñada para ser un fondo de cobertura, utilizando algunos de los conocimientos de la primera.

Sin embargo, debido a una combinación de factores – incluso antes de que llegara la crisis económica – Volt Capital nunca llegó a despegar, sin trascender más detalles al respecto. Aún así, Ready sí que citó algunas de las claves para no errar a la hora de elaborar un segundo producto: debemos hacer un proyecto “verdadero, sincero y útil”, escuchando al consumidor final. Al menos, grosso modo, estas cualidades pueden ser buenos antídotos contra el “Síndrome del Segundo Producto”. ¿Cuáles propones?

Imagen | geometria.ru
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2 comentarios

  1. Más que el síndrome del segundo producto lo llamaría el “síndrome por sobrevivir”. De la venta de un único producto no se vive toda la vida. O diversificas, o mueres ahogado en el éxito.

  2. Pingback: Apple, el gigante que no solo muerde su logo - Bloggin Zenith

   

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