El mito del dinero virtual en España: ¿por qué fracasó Drago?

Por muchos es conocido que Bitcoin es una moneda electrónica que ha crecido en popularidad en los últimos años, con la que se puede pagar en servicios como WordPress, Mega, o diversos casinos online, además de donar dinero para Wikileaks, tal y como comentamos en esta entrada. Muchas personas aluden a ‘virtualidad’ de las monedas electrónicas como el Bitcoin para argumentar su rechazo.

Y aunque siempre se piense en Bitcoin, no es el único caso. Hablamos del caso de Drago, la divisa que la isla canaria de La Palma pretendió extender como un sistema de moneda local pero que no acabó de despegar. Hablamos de cómo surge y cuáles fueron las causas que hicieron que acabara por fracasar pocos meses después de su lanzamiento.

La última tendencia, el dinero virtual

Que nos quede claro que el dinero ya no es solo contante y sonante. Existe una tercera vía: también puede ser virtual. En la era de Internet, todo ya es distinto: se generan nuevas empresas, surgen nuevos nichos de mercado y aparecen relaciones interpersonales impensables unos años atrás.

Son estas conexiones de usuarios a través de la Red de las que hablamos las que derivan en interesantes movimientos económico-sociales capaces de crear diferentes monedas de pagos descentralizadas y ajenas a cualquier gobierno, y al poder en definitiva. Algo, eso sí, que está poniendo de los nervios a los gestores de la economía mundial.

El caso más conocido por todos es el del Bitcoin, una divisa virtual de carácter cifrado que a diferencia de otras tiene un carácter descentralizado, es decir, no depende de ningún servidor central para realizar las transacciones, lo que la diferencia de otras divisas virtuales, como los amazon coins.

Sin embargo, lejos de pensar que son experiencias que se localizan al otro lado del charco, también tenemos experiencias parecidas en Europa, como la vivida con The Bristol Pound, una moneda alternativa que existe en la ciudad inglesa del mismo nombre. Tiene el mismo valor que la libra esterlina pero solo se puede usar en la ciudad y sus alrededores. En España, encontramos un curioso caso: el Drago. Pero, ¿qué fue de esta experiencia?

El caso de Drago: la primera moneda virtual española

El pasado 18 de diciembre de 2012 se presentó en sociedad la moneda virtual Drago, de la mano del informático palmero Carlos Javier Pérez. La iniciativa, pionera en las Islas Canarias y en España, planteaba crear un sistema monetario insular en La Palma con el propósito de que el dinero circulara a fin de dinamizar la economía y reactivar el comercio para crear empleo.

Para ello, cada euro invertido equivalía a dos dragos, ofertando servicios para agricultura y ganadería, además de un centro de medicina natural o la posibilidad de contratar a un joven mago. La justificación, por entonces, de su creador era que que, “en estos tiempos complicados en los que el dinero no circula y muchas personas, perfectamente preparadas, no están pudiendo acceder a un empleo o a crear su propia empresa, ponemos en marcha el proyecto Drago, una iniciativa 100% ciudadana, que pretende ofrecer alternativas a quienes no se resignan”.

Pérez hizo especial hincapié en que una moneda local “permite que todo el dinero que se utilice se quede en un mismo territorio, que fluya con mayor facilidad y que los recursos no se vayan para otro lugar”. La base de la idea es el trueque, ofreciendo la posibilidad de que “personas que están desempleadas puedan desarrollar su actividad a cambio de otros servicios para los que no tiene recursos económicos”.

El antecedente: el experimento de Wörgl

Para encontrar los antecedentes, hay que remontarse al conocido experimento de Wörgl. Realizado desde julio de 1932 hasta noviembre de 1933, es un ejemplo clásico de la eficacia potencial de las monedas locales. Wörgl, un pequeño pueblo austriaco de 4.000 habitantes, puso en circulación una moneda local durante la Gran Depresión.

Para 1932, el desempleo en Wörgl habría llegado al 30%. Bajo la iniciativa del alcalde del pueblo, el gobierno local imprimió 32.000 certificados de trabajo que portaban un interés negativo mensual del 1%, y podían ser convertidos en chelines a una tasa del 98% de su valor. Los ingresos del gobierno local aumentaron 10 veces más en un año y el desempleo fue eliminado.

Dragos, sin embargo, acabó fracasando pocos meses después tal y como su propio autor nos reconoce en una entrevista, a pesar de la expectación creada inicialmente: “Si la gente no tiene una necesidad de utilizar una moneda complementaria, no la van a utilizar precisamente por esa falta de necesidad”.

En este sentido, esta semana surge una nueva fase del proyecto partiendo de la premisa de que “Hay que recrear todo para crear esa necesidad”. Lo van a hacer a través de un periódico digital, Eldrago.info, cuyo proyecto tratará de dinamizar las empresas locales. La moneda llegará (de nuevo) en una segunda fase. Ahora bien, ¿estamos preparados para comprar con divisas complementarias?

En BlogginZenith | El fenómeno del Bitcoin crece como la espuma: ¿hasta dónde llegará?

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Un comentario

  1. Muy interesante este post. Desconocía que en España se desarrollaran este tipo de iniciativas.

   

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