El consumo colaborativo, entre el crecimiento y la polémica

consumo colaborativo

El consumo colaborativo, basado en compartir, prestar o intercambiar bienes o servicios, es una realidad que está en continuo crecimiento y que hace que algunos de los modelos de negocio más tradicionales se echen a temblar.

Estas últimas semanas se ha hablado mucho de Blablacar, que es la principal plataforma europea para compartir coche en España, por la denuncia impuesta por par parte de Fenebús (Federación Nacional Empresarial de Transporte en Autobús), en la que se ha pedido su cierre al considerarla competencia desleal. Blablacar y otras otras empresas de este tipo, como Airbnb, que conecta a personas para buscar un lugar donde quedarse, se enmarcan dentro de este consumo colaborativo y siembran la polémica en el sector del transporte y en el hotelero.

El consumo colaborativo, una tendencia en auge

En el informe de ZenithOptimedia, “Las Top 10 de las tendencias emergentes para 2014: el poder de la auto-expresión”, se habla sobre el consumo colaborativo o comunitario como una de las grandes tendencias para el año 2014. Se destaca además, el sentimiento de los consumidores de “estar juntos en esto”, que anima a compartir experiencias y a colaborar. De esta forma, se logran mejores productos y servicios que apuestan por beneficiar a toda la comunidad y su entorno. Los consumidores ahora son conscientes de que pueden conseguir llevar una buena vida, e incluso mejor, por menos dinero.

Día a día surgen empresas innovadoras que facilitan el intercambio, lo que hace que las grandes marcas no pierdan de vista esta nueva tendencia que no para de crecer. Según datos de Sun Run, como nos muestra el informe comentado anteriormente, en los últimos dos años uno de cada dos norteamericanos ha alquilado, pedido prestado o cedido el tipo de bienes que se suelen tener en propiedad. Forbes también predecía que, durante el año 2013 esta nueva forma de consumo movería 3.500 millones de dólares entre particulares sólo en Estados Unidos. Además, gracias a este tipo de consumo, en los próximos años se alcanzarán los 110.000 millones de dólares, según datos de marketingmag.com.

¿Por qué tanta polémica?

Actualmente, existe una gran polémica alrededor de algunas de las empresas que se enmarcan dentro de esta nueva tendencia. Esto puede deberse a que tienen precios más asequibles para los usuarios que los de los servicios tradicionales y ofrecen además, la posibilidad de eliminar intermediarios y de vivir una experiencia diferente de comunidad. Así recientemente, Fenebús, en un sector en el que hasta ahora no había tenido competidores, ha pedido el cierre de Blablacar por considerarla competencia desleal. Según Luis Pertierra, director de Fenebús, en declaraciones a Vozpopuli, se trata de “competencia ilegal a las empresas legalmente establecidas y autorizadas para el transporte público interurbano de viajeros por carretera”.

Blablacar es una plataforma que pone en contacto a conductores que tienen plazas libres, con pasajeros interesados en realizar el mismo viaje. ¿Puede considerarse competencia de Fenebús o se trata de un producto diferente, dirigido a un tipo de usuario diferente? Como nos apuntan en el Blog Salmón, el sector del transporte interurbano, ya había caído antes del surgimiento de Blablacar, por lo que quizás su problema no sean estas nuevas empresas de consumo comunitario.

Airbnb es otra nueva empresa de este tipo, que ha enfadado a las asociaciones hoteleras,puesto que pone en contacto a los usuarios para compartir habitaciones o apartamentos. De esta forma, anfitriones y huéspedes viven una experiencia única y más barata.

Los usuarios, grandes defensores

Toda la polémica generada por los servicios tradicionales, hace que las compañías que se basan en el consumo colaborativo, en muchos casos salgan reforzadas, puesto que sus propios usuarios se convierten en defensores y embajadores de la marca. De este modo, Fenebús, con su petición de cierre, lo que ha conseguido es dar a conocer a Blablacar, así como los servicios que ofrece, debido a las reacciones de los usuarios a través de Internet y las redes sociales. En definitiva, lo que consiguen es publicidad gratuita para Blablacar.

denuncia blablacar

En Francia pasó algo parecido con los taxistas, que pedían la prohibición de Uber, plataforma que ofrece servicios de transporte privados, por competencia desleal, pero gracias a la defensa por parte de los usuarios, finalmente el gobierno tuvo que dar marcha atrás.

Innovar puede ser la clave

En lugar de atacar a las compañías basadas en el intercambio y la colaboración, las compañías tradicionales deberían de darse cuenta de la existencia de la nueva tendencia e innovar y dar el salto al consumo comunitario. De hecho, algunas, como es el caso de BMW, ya lo han hecho. BMW, junto con la empresa de alquiler de coches Sixt, han creado el sistema “DriveNow”, a través del cual, se puede alquilar un coche desde el smartphone, así como recogerlo y conducirlo sin llaves y sin tener que pasar por la central de la empresa de alquiler.

Las compañías tradicionales, como se propone en el informe de ZenithOptimedia mencionado anteriormente, pueden aprovechar esta nueva tendencia y crear una comunidad propia para participar en este sector del intercambio o facilitar el mismo a sus clientes actuales, pudiendo ofrecer una experiencia de marca diferente. También pueden aprovechar además, la inmediatez de la tecnología móvil para crear plataformas que ayuden entrar en la nueva cultura de la colaboración existente.

El consumo colaborativo está aquí para quedarse y ofrece muchas posibilidades. Al final, en lugar de atacar a las nuevas compañías que surgen, en primer lugar, como consecuencia de las nuevas necesidades de los consumidores, las compañías tradicionales deberían tratar de comprender cómo han cambiado las cosas, así como de escuchar a sus usuarios y evolucionar con ellos.

Imagen | motorpasionfuturo.com
En Bloggin Zenith | El poder del intercambio: ¿una nueva forma de consumo?

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2 comentarios

  1. Creo que a veces se nos olvida quitar zoom y ver las cosas con un poco de perspectiva. ¿Quién decidió por primera vez coger su caballo y su carreta y ponerlo al servicio de los demás, cobrando un dinero por cubrir un trayecto? ¿Por qué a él se le permitió hacer aquello entonces y no se le quiere permitir ahora a cualquier otra persona hacer algo tan simple como compartir gastos de un viaje e incluso, por qué no, beneficiarse con esa actividad? ¿Es porque los sectores establecidos pagan una fortuna en licencias, impuestos y otros diezmos? Pues quizá habría que empezar a preguntarse por qué son necesarias esas sangrías económicas, en vez de maldecir los huesos a quienes intentan ahorrárselas ofreciendo igualmente un buen servicio.

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