Consumo colaborativo: yo comparto, tú compartes, nosotros compartimos

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Para quienes formamos parte de una familia numerosa ‘de las de antes’, el verbo compartir empezamos a conjugarlo sorprendentemente pronto. Y no me refiero a compartir habitación o cuarto de baño con otros miembros de la tribu familiar. No. Mi ropa había sido antes la de alguien, mi sándwich de nocilla era de todos, y mis clicks de famobil eran también los de Pablo. Incluso el coche de mi madre, no era exclusivamente de mi madre. O si lo era pero su uso estaba extendido a otras familias de la zona cuyas hijas iban al mismo colegio que yo.

Padres guiados por un criterio de practicidad organizaban turnos para llevarnos al cole y traernos de vuelta por la tarde. Puro sentido común y muy fácil de organizar. Bastaba con una llamada de teléfono (desde el fijo por supuesto) a una de las casas y de ésta a la siguiente. La cadena de llamadas y la confianza hacían el resto. A cambio de este servicio, yo era recibida en casa a ritmo de música de acordeón, la que practicaba mi madre sin descanso por la tarde liberada de la obligación de ir a por las niñas al cole. Un ahorro en tiempo y gasolina. Una idea que favorecía las relaciones sociales y estaba cargada de sostenibilidad, aunque por aquel entonces este último término no era habitual.

SilviaEdna Mode, es un curioso personaje de la maravillosa película Los Increíbles. Personalmente no tengo su peculiar acento, ni su talento, tampoco su difícil carácter (creo), ni su creatividad. Pero como Directora de Comunicación de Zenith me gustaría, como ella, que mi pequeño papel en BlogginZenith sirviera para facilitar el debate, la colaboración y el aprendizaje entre todo el increíble equipo Zenith … ¡y fuera de nuestras fronteras¡ Silvia Malumbres.

Consumo colaborativo en comunidad: una realidad

Unos años después ya es un fenómeno internacional la idea de compartir coche. Se considera una medida eficiente, sostenible, que favorece las relaciones humanas y ahora sí, todo el mundo entiende el vocabulario. Los métodos han cambiado, ahora no se usa el teléfono de la pared y no se genera ninguna cadena. Ahora se hace vía web o vía app, a las que accedes desde múltiples dispositivos móviles y la comunicación es simultánea entre los participantes.

No hablo del coche de mi madre ni de su inmersión tecnológica, hablo de BlaBlaCar. Esta red social sobre ruedas nacida en Francia en 2009 y hoy, con presencia en 12 países, ofrece unas cifras impresionantes: más de 9 millones de usuarios registrados, más de 1 millón de usuarios viajan cada mes gracias a este servicio, con más de 3.000 millones de Kms compartidos y con un ahorro estimado de 255 millones de euros y 700.000 toneladas de CO2 ahorradas.

El consumo comunitario es ya una realidad, y BlaBlaCar es sólo una de las muchas iniciativas que han surgido para paliar los efectos de la recesión y que ha sido posible gracias a la aceleración tecnológica. Una combinación de factores que ha llevado a los consumidores a darse cuenta de que pueden llevar una vida cómoda por menos dinero.

La lista de empresas emergentes innovadoras que facilitan esta forma de intercambio crece día a día, y lo hacen en numerosos sectores: el mencionado del transporte, y también los de alojamiento, turismo, ocio, telecomunicaciones, servicios financieros o espacios de trabajo, etc. A los consumidores cada vez les gustan más de ahí que el consumo colaborativo crezca ya a velocidades de dos dígitos y mueva miles de millones sólo en nuestro país. También en los últimos dos años, 1 de cada 2 norteamericanos ha alquilado, pedido prestado o cedido el tipo de bienes que se suelen tener en propiedad, según un estudio hecho público por SunRun.

¿Qué impulsa este éxito del consumo colaborativo?

Como ya hemos mencionado la recesión económica mundial combinada con el desarrollo tecnológico han sido sin duda los factores clave de impulso de este fenómeno. No han sido los únicos. Detrás hay también una nueva forma de vivir. El compartir con otras personas es una manera de optimizar el estilo de vida propio y enriquecerlo conectando con otras personas. Además, también aborda cuestiones medioambientales y es el ejemplo perfecto de una forma de vida más amable, más flexible, y mucho más sostenible.

Pero no podemos minusvalorar el cambio de mentalidad: compartir en lugar de comprar ahora es señal de un consumidor inteligente. Atrás quedan décadas de capitalismo sin control al que emprendedores y ciudadanos de todo el mundo quieren plantar cara. La sociedad quiere frenar el exceso, o al menos parte de ella. La otra parte defiende con uñas y dientes su frágil equilibrio, como se pone de manifiesto a diario con las ‘guerras’ entre la forma tradicional de ofrecer un servicio (léase las compañías de autobuses) y los recién llegados (es decir, BlaBlaCar).

¿Hay cabida para las marcas en este fenómeno?

Más allá de la innovación que ofrecen estas empresas, algunas marcas existentes han sabido dar el salto al consumo colaborativo. El plan de intercambio de vehículos de BMW, DriveNow, se vale de estos nuevos patrones de consumo para conseguir la fidelidad de los consumidores que tal vez no puedan (aún) permitirse comprar su marca. Al registrarse por una cuota única (sin canon mensual o anual) y pagando por el tiempo de uso, los usuarios activan cualquier DriveNow BMW que tengan cerca con su identificación DriveNow. La gasolina y la carga están incluidas y los usuarios pueden dejar el vehículo en cualquier estación de DriveNow. Aunque tengan su propio BMW, no todos los coches valen para cualquier ocasión.

Tal vez necesites un SUV familiar para salir de fin de semana y no lo tengas. También es una buena forma de familiarizar a los consumidores con productos nuevos como los coches eléctricos. Para que la experiencia sea lo más práctica posible, BMW ha invertido en tecnología para smartphones y en apps de aparcamiento inteligente. La experiencia de la marca BMW llega a más personas valiéndose del consumo comunitario, sin duda un buen ejemplo de cómo convertir una amenaza en una oportunidad.

Tenemos también ejemplos nacionales. Room Mate, la cadena de hoteles urbanos propiedad de Kike Sarasola, vio una oportunidad en la amenaza que representa para su negocio la oferta ilegal de apartamentos. Ha lanzado BeMate, una plataforma que nace con la oferta de 2.500 viviendas turísticas en diez ciudades diferentes. Viviendas siempre localizadas en las inmediaciones de un hotel de la cadena. Los huéspedes de estas viviendas podrán a su vez disfrutar de varios de los servicios del hotel como la consigna de maletas, 24 horas de conserjería, etc. Una estrategia creativa y arriesgada. También lo fue en su momento el concepto de hotel Room Mate y ya hay 20 en el mundo.

Un futuro por escribirse

Hace ya un par de años que la prestigiosa revista TIME publicó que el consumo colaborativo sería una de las 10 ideas que trasformarían el mundo tal y como lo conocemos. Don’t own. Share sigue siendo una referencia periodística hoy, pero ¿se han generado demasiadas expectativas? El tiempo nos confirmará si es una moda pasajera o un fenómeno social de mayor calado. Mientras ese día llega podemos leernos La sociedad del coste marginal cero: el internet de las cosas, el procomún colaborativo y el eclipse del capitalismo, tal y como se sugiere en este reciente e interesante artículo ¿Sabemos dónde estamos? del periodista económico Vicente Lozano.

Suena algo apocalíptico pero si últimamente te has preguntado, aunque sea por primera vez, ¿de verdad necesito otro par de zapatos? Si has consultado qué opciones (legales, por supuesto) tienes para alquilar un apartamento turístico de cara a tus próximas vacaciones. Si has devuelto al estante del supermercado un producto porque te parecía que tenía un precio desorbitado. Si te has sorprendido a ti mismo comprando frutas y verduras de proximidad a través de la plataforma Ecoagricultor… ¡Si has llegado hasta aquí a pesar de la longitud de este post! Entonces tendrás, como yo, que leértelo y sacar tus propias conclusiones.

Imagen | unsplash.com
En BlogginZenith | El consumo colaborativo, entre el crecimiento y la polémica

En campaña con Zenith

2 comentarios

  1. Lo cierto es que hoy en día hay un montón de alternativas para compartir y potenciar el consumo colaborativo! y creo que esto irá a más! en http://bit.ly/1PwnOIa hacen un análisis interesante sobre las mejores apps para compartir coche del momento. Las hay incluso que puedes compartir taxi o buscar gente para compartir la tarifa mesa en el tren. Totalmente recomendable.

  2. Pingback: Sector turismo: cinco nuevas formas de viajar que llegan con Internet | Blog Economia3

   

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