¿Qué es y cómo funciona el “carpooling”? DicZionario

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Reducir el tráfico, y cuidar el ambiente. Y ahorrar, sobre todo ahorrar. Esas son las claves del conocido como carpooling, una fórmula más de economía colaborativa que deja bien claro que los modelos de negocio tradicionales se están transformando.

Distintas plataformas digitales acogen iniciativas de este tipo en el que conductores y pasajeros pueden buscar y hacer viajes compartidos para optimizar el uso del automóvil al maximizar la cantidad de asientos utilizados. Pero ¿cómo surge? ¿Cómo va a evolucionar? ¿Cuáles son las más conocidas? De todo ello hablamos en una nueva entrega del DicZionario.

Definición de “carpooling”

Cuando se habla de coche compartido suele haber una pequeña confusión entre dos conceptos distintos: el carsharing y el carpooling. Ambos se traducen por “compartir coche”, mientras que se trata de cosas muy distintas. Carsharing consiste en la multipropiedad de un coche o uso alternativo del mismo, mientras que carpooling es una especie de autostop organizado.

Es evidente que el carsharing tiene su interés desde el punto de vista económico para sus co-propietarios o co-usuarios. Supongamos dos personas que tienen unas necesidades de desplazamiento complementarias (es decir, no solapadas en el tiempo): uno necesita el coche los días laborables y el otro los fines de semana y festivos. Pues bien, ¿para qué comprar dos coches si con uno basta?

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De otro lado está el carpooling, cuyo concepto está menos extendido y cuyo significado se confunde con el carsharing. En este caso, supongamos dos vecinos que trabajan en el mismo polígono industrial y que tienen horarios similares. En lugar de desplazarse cada uno al trabajo de forma independiente, podrían quedar y viajar ambos en el coche de uno de ellos. Así se consigue disminuir las emisiones contaminantes y mejorar también la movilidad, además del ahorro económico para ambos al compartir los gastos.

Por ello, el carpooling no es algo nuevo. La idea surgió en EEUU como una estrategia de racionamiento del petróleo durante la segunda guerra mundial. Se animaba a los americanos a ser patriotas e intentar ser austeros en su consumo compartiendo coche con sus vecinos con campañas de publicidad.

Volvió a ser necesario en los años 70 debido a la crisis del petróleo de 1973 tras la decisión de la Organización de Países Exportadores de Petróleo de no exportar más petróleo a los países que habían apoyado a Israel durante la guerra del Yom Kippur que enfrentaba a Israel con Siria y Egipto. Esta medida incluía a EEUU y a sus aliados de Europa Occidental. Fue en aquella década cuando mayor auge alcanzó el carpooling con la construcción de los primeros carriles para vehículos de alta ocupación (carriles VAO), llegando a ser en 1980 la forma de ir a trabajar para un 20% de los americanos.

Hablamos de personas que se conocen. Pero el concepto fue evolucionando al carpooling de conveniencia (conocido como slugging). Personas desconocidas, por beneficio mutuo, deciden viajar juntos. Existen puntos de encuentro fijos donde se establecen los acuerdos. El conductor lo hace para poder circular por un carril habilitado para dos o más ocupantes y así ahorrar tiempo. El pasajero lo hace para ahorrar tiempo y dinero.

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Una evolución del slugging ha llegado con la tecnología, con aplicaciones como BlaBlaCar o Amovens. Es como el carpooling tradicional sólo que se hace de forma online con un tiempo mínimo de antelación y normalmente entre personas desconocidas.

La tendencia posiblemente sea el carpooling dinámico en tiempo real. Es la tendencia futura del carpooling que aprovecha la tecnología de la telefonía móvil actual (con GPS e Internet) para concretar el viaje justo antes de realizarlo, eligiendo al conductor que en ese instante se encuentre más cerca del pasajero y cuya ruta coincide con el destino de éste. Pero ¿qué ejemplos actuales existen?

Algunos ejemplos

Una de las grandes referencias en el sector del carpooling ─viajes compartidos en automóvil ─ es BlaBlaCar. Como ellos mismos se definen, son la red social líder en el mundo que conecta conductores con pasajeros para viajar en coche compartido. Es promotor del “Consumo Colaborativo” como referencia en movilidad, movimiento cada vez más extendido debido a la crisis y al cambio de mentalidad de la población respecto a los hábitos de consumo. Cuenta con más de 40 millones de usuarios de 22 países y más de 3.000 millones de kilómetros compartidos.

Si bien BlaBlaCar era totalmente gratuita, ya obliga a los usuarios a hacer cualquier transacción online de la que la compañía monetiza su presencia. Por ello han surgido alternativas como Amovens, que incluye las particularidades de BlaBlaCar, pudiendo pagar online pero también en efectivo (si se paga online, la app se queda con un euro por las gestiones). Amovens es una empresa española que se fundó en 2009 y que ya se ha consolidado como la gran alternativa.

Otra opción quizás menos conocida la tenemos con Shareling, una opción donde se alojan los usuarios que suelen hacer largos viajes de forma periódica. En su página de inicio ya encontramos diferencias visuales muy llamativas con respecto a BlaBlacar y Amovens. No es una app demasiado grata visualmente, con todavía un número relativamente bajo de usuarios y de viajes.

Otras alternativas que ya no están operativas son Carpooling o Roadsharing, pero en cualquier caso todas tratan de demostrar, a través del consumo colaborativo, que la era del consumo ilimitado está mutando en una era de consumo consciente. Como sostiene Bernardo Geoghegan, director ejecutivo para América Latina de Kantar Future “los consumidores siguen queriendo disfrute, conveniencia y experiencias enriquecedoras, pero menos acumulación”.

El viaje sin tener que disponer de un vehículo propio es la primera de estas disrupciones. Los consumidores quieren ser ricos en experiencias, como las que ofrece viajar con desconocidos. Del mismo modo que el poseer poco se vuelve aceptable e inteligente.

Esta tendencia, a su vez, empuja a las marcas a ser disruptivas no solo en los productos y servicios que ofrecen, sino también en la forma en la que se comunican. “Las compañías disruptivas son las que ponen al consumidor en el centro, las que le brindan un experiencia diferente”, afirma Sebastián Corzo, senior consultant Kantar Millward Brown. Y esa es la tendencia que se puede aprender del carpooling, que ha llegado para quedarse.

En BlogginZenith | Uber, BlaBlaCar, AirBNB entre otros: ¿la economía colaborativa es competencia desleal?

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