Carne procesada, cáncer y la OMS: así han reaccionado las marcas del sector

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Comer salchichas, embutidos o carne procesada en general es carcinógeno para los humanos. Lo dijo a finales del mes pasado la Organización Mundial de la Salud, a partir de un estudio realizado por 22 expertos de diez países, que establecían una relación directa entre este tipo de consumo y el cáncer colorrectal. Y el revuelo mediático, como es lógico, no se hizo esperar.

La carne procesada ha sido clasificada como cancerígena, igual que el tabaco, el amianto o la polución atmosférica. Pero aunque estén en la misma categoría, el nivel de riesgo para el consumo de tabaco es mucho mayor que el asociado al consumo de carne. Pese a las matizaciones de los expertos, la industria alimentaria no ha tardado en reaccionar. ¿Qué cifras mueve el sector? ¿Cómo han reaccionado las marcas?

La OMS: ¿arremete contra la industria cárnica?

En 1999, un estudio publicado en la revista International Journal of Cancer observó que aumentar 100 gramos al día el consumo de carne roja o 25 gramos de algún cárnico procesado (como las salchichas), se asociaba con un 17% y un 49% más de riesgo de cáncer colorrectal respectivamente. ¿Recordáis que se levantara tanto revuelo?

Ahora, tan solo 16 años después, la acumulación de evidencias como aquélla ha llevado a la Organización Mundial de la Salud (OMS) a elevar sus advertencias sobre el riesgo de cáncer que conllevan la carne roja y sus derivados. Lo hizo a través de la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC), un organismo dependiente de la OMS con sede en Francia.

Concretamente, la IARC considera que la carne procesada (cualquier producto cárnico que haya pasado previamente un proceso industrial) es carcinógena para el ser humano. Si bien es cierto que con la carne no procesada los estudios epidemiológicos analizados no son tan concluyentes.

¿Qué supone un informe así? Las cifras, primero

Las conclusiones de la IARC, filtradas previamente por el diario británico Daily Mail, supusieron un auténtico huracán de reacciones a nivel mundial, pese a que los expertos no han mostrado la misma sorpresa. Eso sí, primero debemos mencionar los datos, para saber ante qué industria nos encontramos, sobre todo en nuestro país.

Según la Asociación Nacional de Industrias de la Carne de España la industria cárnica es el cuarto sector industrial de nuestro país, sólo por detrás de sectores de la dimensión de la industria automovilística, la industria del petróleo y combustibles y la producción y distribución de energía eléctrica. En 2014, la producción española de carne de porcino creció un 4%, superando por primera vez los 3,5 millones de toneladas, lo que marca un nivel histórico. Por el contrario, las producciones de carne de vacuno y de ovino/caprino siguieron la tendencia descendente de los últimos años.

Con ese volumen de producción, que representa el 3,4% de la producción mundial, España se consolida ya en estos últimos años como el cuarto mayor productor de carne de porcino, por detrás de China (que por sí sola produce el 50% de la carne de cerdo de todo el mundo), EEUU (10% de la producción mundial) y Alemania (5,3%), y por delante de Brasil (3,1%), Rusia y Vietnam (2% cada uno) y Canadá (1,7%). A la vez, es el segundo país europeo  en producción, representando el 16% del total de la UE), por delante de Francia (9%), Polonia (8%), Dinamarca e Italia (7%) y Países Bajos (6%). La Unión Europea considerada en conjunto es el segundo productor mundial, con un 21,4% del total.

Si señalamos algunas de las Comunidades de nuestro país, podemos mencionar Aragón, que dispone de una industria que factura 682 millones de euros y mantiene más de 2.300 puestos de trabajo directos -según los últimos datos facilitados por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. El pasado año, la facturación en exportaciones de la industria cárnica se disparó hasta los 399 millones, llevando a Europa el 70% de sus ventas fuera de España, pero ocupando también una importante cuota de mercado en Asia, los países árabes y África.

En Castilla y León, por mencionar otra comunidad, las cifras no son muy distintas. Con 491.639 cabezas de ganado vacuno de más de dos años y 3.687.604 cabezas de cerdos, por ilustrar, es parte de la realidad de Castilla y LeónEn Asturias, por su parte, encontramos 95 empresas del sector cárnico, que mantiene 1.100 puestos de trabajo y produce unos 170 millones de euros anuales.

Por tanto, un sector tan importante en nuestro país, no ha dejado de pronunciarse. Por ejemplo, desde la Asociación de Ganaderos 19 de Abril, se ha considerado la información de la OMS como “extremadamente grave”. Su valoración es que ese estudio es “totalmente alarmista y fuera de lugar” y que “la repercusión que causará en el sector será importante”» por lo que desde la Asociación quieren “trasladar al consumidor un mensaje de tranquilidad. La carne es un alimento fundamental en nuestra dieta”.

Xabier Iraola, coordinador de la organización agraria de Gipuzkoa ENBA, afirmó algo no muy distinto y calificó de “demoledor” que se asocie la carne procesada y la carne roja “con cáncer”. “La salud depende de la dieta en su integridad y del modo de vida, no de un único alimento”, defendió Iraola. “Todo alimento del cual abuses tiene sus riesgos, pero ninguno en sí es cancerígeno”, añadió.

Las reacciones internacionales no se hicieron esperar

Empecemos con China, que como comentamos, es el primer productor del mundo. En este sentido, la compañía Shuanghui, empresa privada china y la mayor productora de carne de cerdo del mundo, tachó de “inhumano” el informe de la OMS: “El informe dice estar publicado por el bien de la salud humana, pero en realidad es inhumano”, asegura el subdirector de marketing de la firma, Liu Jintao, citado por el diario ‘China Daily’. Liu aseguraba que “el aire, el agua, y la carne son esenciales para el ser humano y sus efectos secundarios no deben ser exagerados”. El subdirector agrega que “el procesamiento de carne es parte de la civilización y no debe destruirse poniéndole la etiqueta de ‘cancerígeno'”.

En EEUU, segundo productor mundial, han sido igual de tajantes. De hecho, el Instituto estadounidense de la carne ha sido de los primeros, denunciando un informe alarmista basado en datos “antiguos, débiles, inconsistentes” según uno de sus representantes. “Han torturado los datos para asegurarse de la obtención de un resultado específico”.

En nuestro país el propio ministro de Sanidad, Alfonso Alonso, ha tenido que salir a pedir calma, mientras que la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN), que depende del Ministerio de Sanidad, reaccionaba con un comunicado en el que instaba a mantener las actuales recomendaciones nutricionales: “no más de dos veces por semana, ya que el consumo continuado y excesivo se asocia a problemas de salud“.

Por su parte, los argentinos, grandes consumidores de carne en el mundo, consideran que el riesgo de enfermarse de cáncer está sólo en la cantidad que se consumo de este alimento.

Frente a todo este aluvión de críticas, Kurt Straif, responsable del estudio monográfico de la OMS sobre la carne procesada y roja, defiende la forma en la que se ha realizado el trabajo y cómo se han comunicado los resultados. Al contrario de lo que ha dicho la industria, este estudio “tiene sentido común”.

“Nuestra fortaleza reside en que los mejores científicos de este campo, sin conflictos de intereses ni lazos con empresas u otros grupos, han analizado todas las pruebas científicas existentes y han llegado a la mejor conclusión posible”, señala Straif. En cambio, “la industria siempre tiene un interés al comunicar sobre estos temas porque su objetivo es que las ventas de carne roja y carne procesada no dejen de crecer”.

Ahora es el turno de las marcas

¿Se quedarán vacías las arcas de McDonald’s, Burger King u Oscar Mayer tras la advertencia de la OMS? Los expertos no lo tienen muy claro. Los efectos a largo plazo del anuncio de la IARC pueden quedarse por el momento en las arenas movedizas de la indeterminación, aseguran consultores de CPG consultados por Brandchannel.

Esto es así porque porque en las últimas décadas los consumidores han tenido que lidiar con el continuo cambio de parecer de los nutricionistas sobre alimentos antaño perversos (y ahora saludables) como los huevos y la mantequilla.

¿Si antes nos decían que comer huevos era malo y ahora nos dicen que es bueno, por qué deberíamos creerles cuando se descuelgan de repente con que el bacon es cancerígeno? Esta sería grosso modo la pregunta que rondaría en estos momentos por las cabezas de muchos consumidores y que impediría, por ahora, una hemorragia masiva en la industria del “fast food”.

Frente a esta “ventaja” de las marcas con el desconcierto de los consumidores, hay marcas que han tratado de dar un paso al frente. Quizás no es una campaña a consecuencia del anuncio de la OMS, pero el destino ha querido que coincida en el tiempo con el informe de las carnes procesadas.

Así lo ha llevado a cabo McDonald’s en Alemania con una propuesta que ha hecho dudar a algunos: una hamburguesa ‘ecológica’. Sus responsables quieren que se la deje de identificar con lo que se suele llamar “comida basura” ofreciendo en Alemania desde principios de octubre hasta el 18 de noviembre dos tipos de hamburguesas con carne de certificación ecológica.

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Se trata de carne procedente de granjas germanas y austriacas en las se prescinde de pesticidas, además de cumplir con restrictivos requisitos legales para llevar la etiqueta hexagonal ‘bio’ alemana. Esta tentativa, sin embargo, no traduce una auténtica voluntad de cambio. Al contrario, identifican los expertos, la carne ecológica de McDonald’s se identifica con una esforzada campaña de marketing de cuya eficacia conviene dudar. No pocos han señalado que los ‘McB’ y los ‘Long McB’ –así se han bautizado los sándwiches de carne “ecológica” de McDonald’s– no son realmente emparedados “ecológicos”.

Por su parte, la situación actual hace que algunos expertos alerten que estamos ante el “marketing del miedo”. Así lo afirma el columnista Darío Celis, quien apunta que la industria mundial de alimentos lo está padeciendo en los últimos años.

Sin embargo, frente a esta corriente catastrofista, hay otra más positiva que establece que la industria saldrá reforzada después de todo. Del mismo modo que la crisis de Volkswagen servirá para impulsar de manera definitiva el coche eléctrico, el dictamen de la Organización Mundial de la Salud (OMS) clasificando la carne procesada como potencialmente peligrosa para la salud si se consume en exceso servirá para que la industria se modernice, sea más transparente y el consumidor tenga más información. ¿Lo consideráis así?

Imagen | Arijuhani; Artistan
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