Así es el nuevo código de la publicidad de juguetes: ¿respetado por todos?

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Juguetes. A primera vista, nada parece más inocente que una muñeca, un cochecito, un peluche… objetos que nacen para que los niños disfruten, para que su infancia esté llena de instrumentos que les ayuden a desarrollar su imaginación y a compartir con sus amigos momentos inolvidables.

Pero los juguetes también son objetos comerciales, productos creados por marcas para ser vendidos y comprados. Están sujetos a las leyes de mercado y a las de la publicidad y, por ello, las autoridades ponen el punto de mira en ellos, vigilando que cumplan con las condiciones que establece la normativa. Incluso, podríamos decir, que lo hacen de una manera más exhaustiva, pues los mensajes van dirigidos a menores, uno de los sectores de la población que más se debe de proteger.

El nuevo convenio

Así, entendemos iniciativas como la surgida el pasado 7 de diciembre y que se centra en la publicidad de juguetes. Y es que la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aecosan), dependiente del Ministerio de Sanidad; junto a la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes (AEFJ) y la Asociación para la Autorregulación de la Comunicación Comercial (Autocontrol) han firmado un convenio que refuerza y actualiza el Código de Autorregulación de la Publicidad Infantil de Juguetes, establecido en 2010.

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Esta nueva normativa, que ha entrado en vigor el día 1 de enero, está impulsada, sin duda, por la necesidad de fortalecer la seguridad de los mensajes publicitarios en una sociedad como la nuestra en la que el desarrollo de los medios de comunicación está íntimamente ligado al también desarrollo de los impactos publicitarios, sobre todo, en esta época del año, hacia los niños. Según el estudio Constanza Business & Protocol School ‘El gasto en juguetes‘, el gasto medio en estos productos para cada niño español, se establece en 130,92 euros.

Los aspectos que las novedades en el código quieren tratar especialmente tienen que ver con la forma en que se presentan los productos frente a los niños menores de 15 años. La intención es que la información que se da sea lo más realista posible: “En la publicidad infantil de juguetes será necesario presentar los productos con una referencia clara y directa a su tamaño real.”  De igual forma, hay un propósito por pautar cuándo se establece que un juguete ofrece una novedad en el mercado: “Respecto a la información que se difunda sobre los juguetes, los argumentos basados en la novedad sólo podrán usarse cuando exista una innovación relevante en el producto.”

Además, se busca que los mensajes ofrecidos sean, fundamentalmente, seguros para los niños, y nunca induzcan a comportamientos que puedan poner en riesgo su integridad: “La comunicación comercial de juguetes debe evitar las escenas, imágenes o mensajes que alienten el uso peligroso o inadecuado del producto anunciado, ni incitar a los niños a entrar en lugares extraños o conversar con desconocidos.”

Publicidad en Internet

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Y, como no podía ser de otra manera. Internet y las nuevas tecnologías tienen una importancia primordial en el nuevo código. El sector empresarial de los juguetes siempre se ha situado en la vanguardia de la autorregulación, no en vano se dirige a un público muy sensible, la infancia, a la que se trata de proteger de manera preferente. Así, el primer código pactado en 1993 fue pionero porque las marcas se autoimponían una normativa. Ahora, no descuida el mundo 2.0 pues, sin duda, no sólo ofrece un atractivo máximo para los menores, sino que precisamente éstos serán, cada vez más, esos nativos digitales que van a tener mucho que decir sobre cómo funcionan los mensajes de las marcas en este marco tan amplio que se llama Internet.

En primera instancia, se establece que las fórmulas publicitarias en los medios digitales estarán sujetas a las mismas prescripciones que rigen la publicidad general. Pero, además, se hace hincapié en ciertos aspectos fundamentales: “No podrá procederse al tratamiento de datos de los menores de 14 años sin el consentimiento expreso de los padres o tutores.” “Las páginas de las empresas y productos de juguetes no deben ofrecer la posibilidad a los niños de que compren un producto en esa misma web“, son algunos de sus puntos fundamentales, marcando una prioridad sobre cómo se establece el envío de publicidad, al que podrán oponerse los padres o tutores; y cómo esa publicidad no debe impedir la navegación normal del menor por la red.

También se da un paso más allá en la protección del menor estableciendo una Comisión Mixta de Seguimiento con miembros de Aecosan, AEFJ y Autocontrol, que velarán por el cumplimiento práctico de la normativa.

La evolución en la publicidad

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Los niños, la preocupación por la infancia, suponen un foco sobre el que todos prestan una atención fundamental, así también en la publicidad dirigida a ellos. El tipo de mensajes que les llegan, las connotaciones que denotan, calan, de una manera mayor, en su mente, aún no madura, a la que le falta capacidades deductivas y de análisis.

El tema del sexismo siempre ha sido una preocupación fundamental para la sociedad. Aquello que los niños aprendan en su infancia se convertirá en las pautas que repitan en su vida adulta y que, a su vez, transmitan a sus propios hijos. En este sentido, las marcas jugueteras están aplicando mayor responsabilidad a sus mensajes. Por ejemplo, según el Observatorio de la Publicidad no Sexista del Instituto de la Mujer (IAM), los mensajes publicitarios sexistas en juguetes se han reducido a la mitad en tres años en la comunidad andaluza, y seis de cada diez anuncios abogan por prácticas igualitarias para la presentación de los juguetes.

La seguridad en los juguetes

Pero aún queda mucho camino por recorrer, sobre todo, teniendo en cuenta que cada vez más juguetes cuentan con una parte interactiva y digital, lo que genera un nuevo tipo de preocupación como viene a ser la protección de los datos del menor y la vigilancia de su privacidad. Algo que, como hemos visto, el nuevo código también se ocupa de reflejar.

Este mismo año y de cara a la campaña juguetera que se establece en Navidad, dos noticias relacionadas con este asunto nos han llamado poderosamente la atención: en primer lugar, el pasado noviembre sabíamos de un ataque informático que afectaba a la firma de juguetes electrónicos VTech, que habría expuesto los datos de más de seis millones de clientes, es decir, niños, en todo el mundo. En realidad, el responsable del ataque aseguró después que su acción no tenía intenciones dañinas, sino, más bien, todo lo contrario, quería avisar a la compañía sobre las deficiencias en sus sistemas de protección.

Por otra parte, también ha saltado a la palestra un posible problema relacionado con la ‘Hello Barbie’ y la seguridad de los datos que la muñeca almacena. Se trata de un modelo que permite que los niños hablen con ella a través de su asistente de voz. El experto en seguridad Matt Jakubowski señaló, hace unas semanas, que el juguete presentaba vulnerabilidades que podían desembocar en hackers recopilando informaciones y datos privados a través de las redes WiFi a las que se conecta la muñeca.

Sin duda, la seguridad, la protección de datos y la privacidad de los niños son puntos fundamentales para cualquier padre que, con el desarrollo de Internet y de los juguetes 2.0, ponen sobre la palestra nuevos aspectos a tener en cuenta. Y es que, aunque hace décadas no pudiéramos siquiera imaginarlo, “jugar” no es una simple cuestión de niños.

Imagen | Pixabay
En BlogginZenith | Rosa para la niña y azul para el niño: ¿aún sigue el sexismo en la publicidad?

En campaña con Zenith

3 comentarios

  1. No sé hasta que punto todas las marcas cumplen con todo esto

  2. Los juguetes interactivos van a necesitar cada vez mayor control

   

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