Anuncios de televisión y volumen: ¿subirlo surte el efecto deseado? (I)

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Nosotros, los espectadores, entendemos el tiempo pasado frente a la televisión como un momento de ocio y entretenimiento (eso sí, cada vez superado en mayor medida por Internet), en el que todas las preocupaciones de nuestro día a día pueden ser aparcadas por unos momentos. Pero este medio de comunicación, demasiado bien lo sabemos, no es un lugar inocente, que nos ofrece sus contenidos sin pedir nada a cambio.

La industria televisiva mueve cifras millonarias cada año y cada segundo emitido por la pequeña pantalla es dinero bien o mal invertido por parte de las marcas, las que apoyan a nuestra serie o programa favorito, logrando que siga emitiéndose o no. Por ello, la publicidad, sí, esas pausas entre la programación, es tan importante. Y sus astucias para conseguir atraer a los espectadores resultan fundamentales para entender su desarrollo.

La estrategia de los anunciantes

Vamos a hablar de una situación que todos hemos vivido en algún momento: estamos viendo una serie, película o programa cuando éste se va a publicidad. Inmediatamente, notamos que los anuncios emitidos tienen un volumen muy alto, mucho más que el del espacio que estábamos viendo. Ese audio se mantiene a lo largo de toda la pausa publicitaria pero, curiosamente, cuando regresa la emisión del contenido que estuviéramos disfrutando, éste vuelve a la normalidad.

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No es difícil adivinar el porqué de este fenómeno y entenderlo es algo que nos ayuda a tomar conciencia del verdadero sentido de la televisión: un medio de comunicación extremadamente poderoso, en el que los anunciantes invierten grandes sumas de dinero, y no un simple instrumento para nuestro disfrute, cándido e inocuo.

El motivo responde a una clásica estrategia de marketing que trata de atraer, de todas las maneras posibles, a los espectadores. Para un anunciante, ofrecer su producto no es sencillo, pues su oportunidad de llegar al consumidor no siempre se efectúa bajo las mejores condiciones: el espectador está viendo un contenido determinado, escogido específicamente entre una gran variedad de ofertas y, de pronto, sin previo aviso, la emisión es cortada para divulgar contenidos que, a priori, no son de su interés.

Qué difícil es ser anuncio de televisión

Las piezas publicitarias son auténticas joyas audiovisuales: breves, coloristas, luminosas, bien realizadas, con un mensaje claro, con una historia envolvente… Y, aún así, el público no quiere “ver los anuncios”, esos bloques que, constantemente, enturbian el tranquilo visionado de su programa favorito. Así, se necesitan nuevas herramientas que les permitan atrapar la atención de un público esquivo.

Si el audio de la publicidad suena más alto, inmediatamente, se consigue que el espectador preste atención a aquello que se le está ofreciendo. No podemos olvidar que la música es fundamental en la publicidad. No sólo la imagen, también ese “jingle” que ha de ser atrayente y pegadizo, alegre, hipnótico, sugerente… Así, antes de que veamos un anuncio, es muy probable que primero escuchemos su melodía, la sintonía que acompaña las aventuras de los personajes, por lo que el hecho de obligarnos a prestar atención a ese sonido se traduce en focalizar en el producto en cuestión.

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La publicidad usa este recurso casi “sicológico” que atrapa a los usuarios más despistados. Pues sí, muchos de nosotros no nos damos cuenta de que el volumen ha subido, y así, quedamos magnéticamente enganchados a esos mensajes que, por su audio más alto, consiguen que nos fijemos en ellos, en una primera acción tan elemental como lógica.

La respuesta del espectador

Este “truco” del volumen es usado por la mayoría de las cadenas, no sólo de nuestro país, sino a nivel internacional. Es una estrategia común, generalizada y constante, pero… ¿cómo la vive el usuario?

Como hemos explicado anteriormente, para muchos espectadores, descubrir este tipo de mecanismos es toda una sorpresa, pues no son conscientes de ella. Lo cierto es que se utiliza tanto en televisión, como en radio, e incluso empieza a observarse en los anuncios que se emiten previamente a los vídeos que vemos en Internet.

La rotundidad que hay tras esta idea es evidente: cualquier persona, para ser mejor escuchado, aumenta, incluso inconscientemente, el volumen de su voz. Así pues, para que un anuncio no pase desapercibido, el volumen se eleva en las pausas. La “diversificación” de la atención del espectador durante la publicidad es máxima y la tarea de conseguir que ésta siga vigente es una tarea hercúlea.

Subiendo el volumen se trata de retener esa atención: aunque el espectador se levante de su asiento, preste atención a su smartphone, incluso salga de la habitación y vaya al baño o a la cocina… el audio de la televisión siempre le seguirá. Se ha perdido el contacto visual con las imágenes pero no así el sonoro que, como decimos, en publicidad resulta fundamental.

Pero, ¿de verdad surte efecto?

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No es difícil imaginar que la mayor parte de los espectadores no es del gusto de esta estrategia y recibe con desagrado el momento en que la voz se dispara en los anuncios. En la vida real, cualquier chillido nos incomoda y, si hablamos de la televisión, esa intromisión resulta más violenta pues suele ofrecer mensajes que han de ser contundentes, convincentes, directos… en menos de 30 segundos.

Así, las protestas por parte de ciudadanos e instituciones (como veremos en la segunda parte de este artículo) no dejan de producirse; en aras de que se regulen estos mecanismos y que la publicidad mantenga el mismo status sonoro que se produce cuando se está emitiendo cualquier contenido.

Podríamos imaginar que incluso este tipo de medidas producen el efecto contrario al que se busca, pues provocan rechazo por parte del público. Entonces, ¿por qué lo emplean tantas cadenas en tantos países del mundo? No podemos olvidar que el espectador no suele hacer un consumo personalizado de los bloques publicitarios y no percibe el anuncio X con negatividad, no recuerda aquella pieza que le hizo saltar abruptamente del sillón para bajar el volumen.

De esta forma, puede que el espectador crea que no surte ningún efecto en él, e, incluso, haya algunos ciudadanos que aseguren que boicotearían la marca en cuestión, pero la realidad es que vivimos en una sociedad en la que la compra-venta de objetos y servicios es un motor fundamental y, por ello, también necesitamos la publicidad, para tener conciencia de ese nuevo producto.

Y, para llegar a nosotros, las marcas usarán todos los instrumentos a su alcance, aunque se trate de algo tan, a priori, sencillo, como es subir la voz de sus mensajes para que nunca dejen de penetrar nuestra mente.

Imagen | alexrbn; eartribe; experiensense; thedigitalfrontline
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7 comentarios

  1. Planteo el boicot de la marca Puleva en todas sus variantes, por este motivo y hasta que dejen de emitir sus anuncios a un volumen de aproximadamente un 30% más alto que el resto de anuncios, que ya se emiten más altos que los programas. Pienso que esto es un insulto a la inteligencia de los espectadores.

  2. Pues yo bajo el volumen o cambio de canal por que cojo un cabreo que solo por molestar con el volumen espantoso no compro el producto que anuncian, si todos hiciesemos lo mismo seguro lo arreglarían.

  3. Yo tengo que quitarme los auriculares, porque la diferencia de volumen es bastante molesta. Al quitarme los auriculares ya no escucho nada, así que no sé por qué va a hacer efecto en mi mente este tipo de anuncios… Si no me molestara ese cambio de volumen no sentiría esa necesidad de quitarme los auriculares y seguiría escuchando, asi que es absurdo. Seguramente mucha gente hará lo mismo con la tele, la pondrá en “mute” para no tener que estar regulando nuevamente el volumen, etc En definitiva, creo que causa un efecto más perjudicial de lo que “científicamente” se cree.

  4. Todas las personas que conozco le ponen MUTE a los comerciales de la TV, yo hago lo mismo o simplemente cambio de canal, y para no escuchar publicidad de radio solo escucho MP3.

  5. Es vergonzoso,como suben el volumen.Yo cuando pongo un volumen en casa es por algún motivo,bebe dormido,persona enferma,porque no quiero ruido y no que tengo que cambiar de canal,porque me parece insoportable.
    Debería ilegalizarse.

  6. si adiero completamente deberian regular por ley no molestar con el volumen que todo tenga el mismo volumen ,ya la gente esta hasta el cuello de publicidades por todos lados .es muy buena idea quitar el volumen en las publicidades asi no servira de nada el volumen q les pongan.

  7. Es un abuso, ahora mismo están los comerciales de Claro fastidiando de esa manera. Dejo de ver algunos canales porque se que es donde más los pasan.

   

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