Anuncios de televisión y volumen: prohibiciones y consecuencias (II)

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Como vimos en un artículo anterior, uno de los temas más conflictivos a la hora de hablar de televisión es el referido al incremento del volumen durante las pausas publicitarias, una práctica muy generalizada no sólo en nuestro país, sino de manera global. Y es que, suele pasar muy habitualmente, que cuando un programa se va a publicidad, el volumen de los anuncios aumenta considerablemente.

Ya hablamos de las razones que se esconden tras esta manera de comportarse, y la intención de los anunciantes porque sus espacios sean vistos con mayor atención; pero, lo cierto es que este fenómeno resulta no sólo molesto para el usuario, sino que levanta enormes polémicas que hacen que tanto espectadores como instituciones se alcen en su contra para demandar una regulación del mismo. ¿Cómo se han manifestado estas quejas? ¿Qué se ha hecho para remediarlo?

Subir el volumen está prohibido

Todos conocemos este fenómeno y nos quejamos amargamente de sufrirlo en nuestros oídos en cada pausa publicitaria, pero lo cierto es que esta práctica está prohibida en nuestro país. Las instituciones han venido preocupándose de este tema y haciendo recomendaciones al respecto, pero fue en 2010, con la puesta en marcha de la Ley General de Comunicación Audiovisual, cuando se intentaron frenar de pleno este tipo de conductas. De hecho, el artículo 14.2 del texto establece que “el nivel sonoro de los mensajes publicitarios no puede ser superior al nivel medio del programa anterior”.

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Ya desde 2005, los diferentes gobiernos establecieron grupos de trabajo en los que técnicos y profesionales del sector eran los responsables del cumplimiento de una medida muy clara: la publicidad debe tener el mismo volumen que el programa que se está emitiendo. Desde entonces, estos técnicos trabajan para establecer medidas de control y seguimiento que observen el acatamiento de la norma.

De hecho, el saltarse esta regla está estipulado como una infracción grave y sus negativas consecuencias pueden suponer una multa para las televisiones de hasta 500.000 euros, una sanción que depende de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, si hablamos de una cadena estatal; y de los organismos autonómicos pertinentes si nos referimos al canal de una región.

¿Entonces, acaso incumplen la norma las televisiones? El caso del volumen en la publicidad está envuelto en muchas y diversas consideraciones y un límite difuso, como sucede con otras muchas cuestiones como la contraprogramación o la emisión de contenidos no apropiados en horario infantil; pero, lo cierto es que se sigue ejerciendo. Algunos arguyen que el problema radica en una cuestión técnica: son los anunciantes los que “envían” sus piezas a las cadenas, que las emiten tal y como llegan, sin manipular sus características originales. Otros hablan de que es más rentable pagar la multa en cuestión que ajustarse a la normativa…

De cualquier forma, las instituciones parecen tomarse muy en serio este tipo de cuestiones y, por ello, existe desde 2005, el Foro Técnico de la TDT, un órgano perteneciente a la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones. En este grupo de trabajo están presentes administraciones, operadores de televisión y red, asociaciones de fabricantes y de empresas instaladoras, medidores de audiencia, anunciantes, productores, organizaciones de consumidores… Uno de los muchos grupos de trabajo que tiene en funcionamiento este foro es el referido al audio, cuyo desempeño es difundir y adoptar medidas para que no sucedan este tipo de infracciones.

Quejas y reclamaciones

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Aún así, parece un clásico que se repite cada cierto tiempo, pues los espectadores y las instituciones se siguen quejando del incumplimiento de una norma que parece que, simplemente, no se respeta.

Muy comentado fue el informe del Defensor del Pueblo, Enrique Múgica, en 2009, que hablaba de las prácticas sobre el uso de publicidad en televisión. Por un lado, hacía referencia al exceso de pausas comerciales o la exposición de imágenes violentas o de alto contenido sexual, y, por otro, se hacía eco de las numerosas quejas recibidas en relación al audio en los anuncios. Sin duda, un hecho que se tuvo muy en cuenta a la hora de elaborar la Ley General de Comunicación Audiovisual de la que ya hemos hablado.

Pero la puesta en marcha de esta ley no ha frenado el aluvión de críticas por parte de organismos de toda índole y, por ejemplo, en mayo de este mismo año, el CAC (Consell Audiovisual de Catalunya), organizó una jornada sobre las variaciones repentinas de sonido en televisión que le ha puesto en pie de guerra (nunca mejor dicho) contra la loudness war, como se conoce en muchos sectores a esta práctica.

En este sentido, muchos abogan por seguir al pie de la letra las recomendaciones de la Unión Europea y, concretamente, la EBU R-128, que sirve como referente para los medios de comunicación y define una normalización de la medición de la presión sonora, teniendo en cuenta diferentes parámetros involucrados (intensidad sonora, sonoridad, impresión subjetiva…)

La ley CALM

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Como hemos venido comentando, las molestias por el aumento del audio durante las pausas publicitarias son un hecho que tiene reflejo en buena parte del audiovisual mundial y al que los estadounidenses trataron de poner límites a través de la ley CALM, establecida en diciembre de 2012.

La llamada ley de mitigación del volumen de la publicidad comercial (Commercial Advertisement Loudness Mitigation Act) establece una normativa para televisión, pero, curiosamente, no para radio e Internet. Todo nació a raíz del impulso del senador Roger Wicker en 2008. La CALM prohíbe expresamente que las cadenas generalistas y de pago suban el volumen cuando la programación televisiva se va a una pausa publicitaria.

Para controlar que la normativa se cumpla, existe un organismo conocido como la Federal Communications Commission (FCC). Entre otras iniciativas, esta institución invita a los espectadores a que denuncien las posibles malas prácticas de las cadenas, ofreciendo en su web un completo formulario de denuncia para que la queja del usuario quede debidamente reflejada.

Como vemos, a pesar de las diferentes medidas de gobiernos e instituciones, aún queda mucho camino por recorrer para conseguir que esta práctica se vea erradicada en nuestra televisión y que el hecho de sentarse frente a la pequeña pantalla para disfrutar de las series y programas que más nos gustan, no supongan ningún incómodo contratiempo.

Imagen | Winaudio, Na lupa, Maryland Law Blog, Wikimedia
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2 comentarios

  1. Muy buen post. Nunca he visto nada publicado sobre el tema y es muy ilustrativo.

  2. Fantastico artículo! De esto nunca se informa, claro como la publicidad es la que sostiene a los medios mejor no mentarla.
    Enhorabuena por este post!!

   

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